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Terra
La Coctelera

29 Junio 2010

 

Tim Burton, director de films fantásticos tan peculiares como Bitelchús, Eduardo Manostijeras, Sleepy Hollow, Big Fish y Sweeney Todd, ha levantado una considerable polvareda en Estados Unidos con sus declaraciones concedidas a la página web WENN.

En la entrevista, Burton se explaya a gusto sobre su concepción del terror y lo infantil (que ha mezclado a menudo en sus películas), y arremete contra la corrección política que invade su país desde hace unos años y hace que los niños no puedan ver nada que pueda traumatizarles.

"Un poco de miedo es bueno para los pequeños. Sin embargo, hoy en día es difícil que a un menor se le permita ver cosas susceptibles de asustarle. De hecho, hasta los cuentos clásicos se ven puestos en entredicho: los padres actuales se plantean si Pinocho da miedo o no, obviando que a los niños les gusta ser asustados".

"La mayor parte de la mejor literatura infantil" -añade Burton- "es políticamente incorrecta, así que me pregunto si es preferible que los niños puedan disfrutarla, o se va a impedir que lo hagan [cuando] la gente real, la vida real, tus vecinos... eso sí que da miedo".

Burton, cuya nueva película, Alicia en el País de las Maravillas, se estrena el 5 de marzo de 2010, concluye la entrevista asegurando que esa actitud censora le ha costado bastantes disgustos como cineasta: "Por ejemplo, cuando Henry Selick y yo trabajábamos en Pesadilla antes de Navidad, tuve un sinfín de discusiones con los productores debido a que el protagonista, Jack Skellington, no tenía ojos. Es el tipo de cosas que te hunden creativamente".

 

 

23 Junio 2010

EL ARTE GOTICO

23 jun 10

El arte gótico
Maravilla del espíritu español y europeo
Ricardo Murillo y Murillo

Hacia 1150 empiezan a construirse las primeras catedrales góticas y su estilo impera en Europa, por lo menos, hasta el siglo XV, originando majestuosos y grandes edi cios que según el historiador Paul Johnson son "el mayor logro de la humanidad en el conjunto del teatro del arte".

Catedral de Sevilla¿Quién no queda fascinado al contemplar las maravillosas catedrales góticas españolas como la de Toledo, Burgos, León, Sevilla, Palma de Mallorca o las extranjeras como Notre Dame (Francia), la de Colonia (Alemania), o la de Salesbury (Inglaterra)? Al contemplarlas, admirarás la suntuosidad de sus retablos, las esculturas policromadas, las espectaculares vidrieras, las bóvedas de crucería, las sillerías historiadas del coro (Toledo), las arquerías apuntadas, los triforios de traza árabe, las bellísimas vírgenes blancas, la monumentalidad del edi cio, su armonía, orden y luminosidad. La belleza gótica te inunda de gozo y admiración de los excelentes arquitectos medievales, el maestro Esteban, Enrique Martín, Petrus Petri, Riquer y también de los cientos de monjes que crearon, trabajaron y propagaron este arte y de los miles de artesanos: albañiles, canteros, carpinteros, vidrieros, escultores, herreros que intervinieron. El arte gótico es un arte esplendoroso; por algo el gran Shakespeare dijo que era una variedad del milagro. El inventor del gótico fue un monje francés, SUGER, abad del monasterio de Saint Denis (París), considerado un intelectual del siglo XII. Los grandes creadores del gótico fueron los monjes cistercienses. El monje Suger defendía la idea de Platón de que la luz estaba en relación con la divinidad y por eso el templo gótico debía ser el templo de la luz a diferencia del románico. La solución sería sustituir parte del muro por vidrieras por las que pasasen torrentes de luz y que formasen un precioso conjunto de colores: el azul, que simboliza el aire; el rojo la fuerza; el verde el caos; el amarillo la trasgresión; el blanco, el negro, el violeta constituyen un lenguaje; representan  guras del Zodíaco y escenas y personajes bíblicos. Con el gótico comienza el lirismo del arte moderno. Frente a la abstracción del románico, siglos .XI-XII, en el gótico predomina el naturalismo. En ese amor a la Catedral de Toledonaturaleza, las plantas, los animales, todas las criaturas, consideradas hermanas del hombre, in uyó mucho un santo italiano del siglo .XIII, San Francisco de Asís, que predica el amor a la naturaleza por ser obra de Dios, el cual ordenó todas las cosas por su medida, su número y su peso. ¡Qué bien expresó esto el poeta Rubén Darío en el poema "Los Motivos del Lobo"!) Esta idea llevó a los pensadores como los de la Escuela Catedralicia de Chartres a decir que existía una relación entre las matemáticas, la geometría y Dios, idea que tenía un origen antiquísimo, pues en la Grecia clásica, en tiempo de Pitágoras y Platón, se identi caban las matemáticas con lo divino. Dios para los constructores góticos era el Gran Geómetra que creó el mundo con un orden maravilloso y por eso, dada la concepción religiosa que ellos tenían, ese orden y armonía debían imitarla ellos en sus obras. En de nitiva, la arquitectura gótica surgió como resultado de un medio intelectual, siendo sus tres características principales: la bóveda de crucería, el arco apuntado y los arbotantes como contrarresto, desde el exterior, de los empujes laterales de la bóveda.

En la región parisina nació el gótico. Allí se inició una evolución del románico al gótico en lo constructivo; en lo decorativo el gótico es muy diferente del románico. Este arte llegó a España desde Francia; lo trajeron los monjes. Por el Camino de Santiago vinieron a España grandes hombres, que in uyeron mucho en el campo del pensamiento, de la cultura y del arte. En España la arquitectura gótica es de grandes y magní cas catedrales, hoy visitadas por millones de turistas. Inferior en número y calidad es la arquitectura civil del siglo XV. Del siglo XIII son las catedrales de Burgos, Toledo y León; del siglo XIV: las de Barcelona, Palma y Gerona; del siglo XV: las de Sevilla, Salamanca y Segovia, y otras muchas en pueblos y ciudades de España.

Las tres mejores son: la de Burgos, con tres naves, dos torres y rica decoración escultórica; se empezó en 1221 arquitecto maestro Enrique.

La de Toledo, maestro Martín, constructor Petrus Petri; cinco naves, una torre-siglo XV, sirvió de modelo a la de Granada... La de León, la más luminosa; maestro Enrique -el de la de Burgos-; tres naves; dos torres; muy parecida a la de Reims. Del siglo XIII también es la de Cuenca, muy interesante En el siglo .XIV se construyen otras en Cataluña y Levante, inspiradas en las del Sur de Francia como la catedral de Barcelona, de tres naves o la iglesia de Santa Maria del Mar, en la que se inspira la célebre novela de Ildefonso Falcones "La Catedral del Mar".

En los siglos XV y XVI siguen construyéndose muchas catedrales, iglesias, Claustro Catedral de Toledomonasterios, hospitales, palacios y sepulcros góticos como el del Doncel de la bellísima catedral de Sigüenza (Guadalajara). En 1402: la de Sevilla, una de las más grandes del mundo; cinco naves, concebida sin torres pues respeta la Giralda, torre almohade del siglo Del siglo XVI es la catedral de Córdoba, levantada en el centro de la mezquita y terminada en 1607. La más importante de Aragón es La Seo de Zaragoza.

Los temas principales de los escultores son la Virgen con el Niño y el Crucificado, porque el artista gótico quiere representar dos temas universales: el amor materno y el dolor humano. Dentro de la pintura destacamos la mural, la de tapices y tablas y, en especial, las miniaturas de los códices, primorosas obras de los monjes, que imitan la pintura francesa de los siglos XIII y XIV. El espíritu gótico contribuyó a la formación social de una nueva manera de entender la vida del hombre, la realidad y la naturaleza con una concepción más humana y no tan teocéntrica. El sistema de pensamiento fue cambiando lentamente y haciéndose distinto al de le época románica; se inició a  nales del siglo .XII, cuando empezó a decaer la vida feudal. Las condiciones de vida eran muy duras y los hombres libres -no los pobres siervos- emigraron del campo a la ciudad, se dedicaron al comercio y a otras actividades. Se formaron los gremios entre la gente del mismo o cio y lentamente fue desarrollando un mundo nuevo, el mundo moderno. El arte gótico re eja de alguna manera esa metamorfosis que experimenta la sociedad de la Baja Edad Media; expresa los sentimientos del ser humano, la búsqueda espiritual del hombre medieval; demuestra el in ujo del catolicismo en el arte occidental y su gran aportación a la cultura europea.

El arte gótico es una de las maravillosas creaciones del ser humano.

18 Mayo 2010

PRIMER PERIODO: EL NACIMIENTO DE UN NUEVO GéNERO.

En su primer período, la literatura gótica surge para saciar las inquietudes de las almas más disconformes con el orden regente, buscan poder experimentar sensaciones prohibidas y escapar de la rutina diaria. Pronto una parte significativa de la sociedad asimila este nuevo género y lo utiliza como válvula de escape.

La palabra gótico en sus orígenes se utilizaba para designar la barbarie germánica (godos), lo medieval, el desorden y el caos, generalmente con connotaciones negativas. Sin embargo conforme avanza la segunda mitad del siglo XVIII algo empieza a cambiar en la sociedad, surge el gusto por la arquitectura medieval, por lo numinoso, por las sombras. En la literatura se atisba una senda oculta entre la maleza, una senda alternativa, que se aparta del camino de la luz. La primera alma en recorrer dicha senda fue la de un inglés avispado que tuvo el honor de ser el fundador del género. En pleno siglo de las luces surge en Inglaterra la figura de Horace Walpole (1717-1797) y su Castillo de Otranto (1764), considerada por muchos como la primera novela gótica. Publicada inicialmente como una traducción de un tal William Marshall a partir de un manuscrito italiano, supuestamente escrito por Onuphrio Muralto, tuvo una buena acogida entre los lectores de la época, lo cual ayudó a Walpole a reconocer su autoría. La novela nos cuenta la historia de un principado y su usurpador, Manfredo, el cual intentará que no se cumpla una terrible profecía que vaticina el fin de su descendencia y la pérdida de su castillo. Toda la trama se desarrolla con el castillo y un monasterio próximo como telón de fondo.

Pese a ser inocente, ingenua y carecer de fuerza alguna, no cabe duda de que nos encontramos ante la primera obra con elementos claramente góticos: el castillo, la inocente princesa, monjes, sucesos sobrenaturales...

Walpole dio un nuevo rumbo al movimiento literario de la época, y su novela fue un auténtico punto de ruptura, ya que a partir de su publicación fueron muchos los que decidieron indagar en éste nuevo genero. Empezaron a aparecer diversas obras de carácter gótico; novelas, relatos publicados en revistas de la época como The Lady's Magazine. Conforme avanzaba el siglo XVIII el número de obras aumentaba: Sir Bertram (1773) de Mrs. Aikin, The Old English Baron (1777) de Clara Revee, The Recess (1785) de Sophia Lee...

Pese a la gran cantidad de autores que intentaban imitar el estilo de Walpole, la siguiente gran creación del género se caracteriza por estar desmarcada de los clásicos escenarios góticos. En 1786 se publica una obra que mostraba devoción por lo oriental, La historia del califa Vathek de William Beckford (1760-1844). En 1909 Lewis Melville descubrió la segunda parte, Los episodios de vathek, mientras recogía material para su Life and letters of William Beckford. Se publicó en 1912. Y En 1937 Clark Ashton Smith (uno de los más brillantes escritores del círculo de Lovecraft) finalizó la Historia de la princesa Zulkaïs y el príncipe Kalilah, que su autor había dejado inacabada. Beckford escribió otro episodio, que debía ser el cuarto, Historia de Matassem que destruyó por considerarlo demasiado pornográfico. La creación de Beckford, escrita en forma de breves relatos narrados por sus personajes, nos cuenta las diferentes desdichas de sus protagonistas. Pese a ser independientes, todas las historias aparecidas en esta obra tienen algo en común, algo estremecedor que nos acecha sin descanso durante toda la lectura, algo que acompaña siempre a sus protagonistas, el abismo. Si analizamos toda la obra en su cómputo global, veremos que la influencia de Las Mil y una noches se hace patente durante todo su desarrollo, así como la existencia de sucesos sobrenaturales y personajes típicamente góticos, atormentados e inducidos por el mal hasta su perdición eterna.

SEGUNDO PERíODO: LA MADUREZ DEL GENERO.

 

El periodo gótico alcanza su plena madurez en la década de los noventa en forma de grandes novelas. Estas obras colosales sirven para retratar perfectamente el género. A su vez la influencia de las novelas góticas se hace notar en muchas partes del continente.

Con la aparición de novelas como Los castillos de Athlyn, Dunbayne (1789), Un romance siciliano (1790), Romance de la selva (1791), todas ellas escritas por la misma autora, entramos en la década de los 90, período dorado para la literatura gótica y en el que se da a conocer la reina del género, Ann Radcliffe (1764-1823), artífice de una de las cumbres, Los misterios de Udolfo (1794).

Situada entre Francia e Italia, la novela de Radcliffe nos narra la historia de Emily, que tras perder a sus padres por una repentina enfermedad se ve obligada a irse a vivir con su tía, madame Cheron y el malvado signor Montoni. Esto implicará la separación de Emily de su amado Valancourt, ya que tendrá que dejar su Francia natal e ir a vivir al siniestro castillo de Udolfo, situado en los Apeninos italianos, donde nuestra protagonista vivirá diversos sucesos escabrosos.

Con la llegada de Radcliffe la novela gótica gana en calidad, pues su autora sabe recoger todo lo cultivado hasta el momento y volverlo a crear con mano mucho más diestra que las de sus predecesores. El don narrativo de Radcliffe es innegable. Sin embargo el Terror de Radcliffe es siempre delicado y estético. Los sucesos sobrenaturales siempre tienen una explicación racional.

La aparición de Radcliffe es clave para la novela gótica, pues no sólo aportó su grandes obras, sino que influyó de manera decisiva en la aparición de la siguiente cumbre gótica. En Mayo de 1794 un joven de tan sólo 19 años, que se acababa de graduar brillantemente en Oxford, leyó con entusiasmo Los Misterios de Udolfo (según sus propias palabras, le pareció uno de los libros mas interesantes jamás publicados) mientras realizaba un viaje, este joven se llamaba Matthew Gregory Lewis (1773-1818). El 23 de Septiembre escribía a su madre: "¿Qué te parece que haya escrito en sólo diez semanas una novela de entre 300 y 400 páginas en octavo? Nunca he escrito nada la mitad de bueno. Se llamará El Monje, y me gusta tanto que si los editores no la compran, yo mismo la publicaré." Sin duda El Monje, publicada finalmente en marzo de 1796, daría un nuevo impulso a la novela gótica.

Formada por varias historias que van cruzándose entre si, la obra de Lewis tiene como eje central las desdichas del monje Ambrosio, cuya debilidad por lo pecaminoso le hará caer en las redes del mismísimo diablo. La obra que se sitúa en Madrid, no tiene sólo historias ficticias creadas por su autor, sino que también cuenta con aportaciones del folklore, como el inolvidable capítulo de la Monja ensangrentada.

Con raíces mucho más negras que las de su colega Radcliffe, Lewis hace uso de lo macabro y lo sobrenatural sin explicaciones racionales, recurre a ello de manera descarada y con suma naturalidad. La facilidad del autor para invocar escenas grotescas y escabrosas es algo inaudito en toda la literatura hasta el momento. Con Lewis nace el verdadero Horror.

La aparición de Radcliffe y Lewis provoca dos maneras de entender la literatura gótica. Radcliffe apuesta por un terror contenido, insinuado, sublime y siempre valorando por encima de todo la plasticidad de sus visiones. Lewis en cambio busca la esencia del horror, su objetivo es provocar pavor al lector y no escatima en medios para lograrlo. Es importante remarcar que se haya utilizado la palabra "terror" para hablar de Radcliffe y "horror" para mencionar a Lewis. En 1826 se publica un ensayo escrito por Radcliffe en el que trataba las diferencias entre Terror y Horror:

El terror y el horror son tan opuestos entre sí que el primero expande el alma y despierta las facultades dormidas hacia las esferas más altas de la existencia; el otro, la contrae, la congela y la aniquila por completo. Ni Shakespeare ni Milton en sus ficciones ni el señor [Edmind] Burke en sus ensayos han considerado el horror como origen de lo sublime, mientras que todos coinciden en señalar al terror como su verdadera fuente.

El terror de Radcliffe es observado, contemplado e incluso admirado, mientras que el horror de Lewis es vivido, sufrido.

En 1797 Radcliffe publica El Italiano o el confesionario de los penitentes negros, una obra que sigue la línea de Los Misterios de Udolfo en la manera de tratar el terror. De nuevo la autora sitúa la obra en Italia. Sus protagonistas, en este caso Ellena y Vivaldi, sufrirán los infortunios provocados por la marquesa Di Vivaldi, madre de Vivaldi, y su malvado consejero el monje Schedoni. Nuestros protagonistas tendrán que sufrir el acoso de la mismísima Santa Inquisición y sortear muchos otros infortunios para conseguir su ansiado objetivo.

En este caso Radcliffe, siguiendo el ejemplo de su colega Lewis, decide dar un siniestro protagonismo a la iglesia en la trama de su obra. Prueba de ello es la creación del monje Schedoni como fuente de toda maldad y personaje de oscuro corazón.

Cabe destacar la aportación de Lewis a la literatura gótica perfilando a la iglesia como fuente de maldad y a un monje como su brazo ejecutor.

TERCER PERíODO: LA EVOLUCIÓN DEL GéNERO.

 

Las clásicas novelas góticas dejan paso a un gótico influenciado por distintas corrientes emergentes. Sin duda, una de las más influyentes será el romanticismo.

Las últimas cumbres del periodo gótico se hicieron esperar, después del gran éxito que tuvo en la década de los noventa el género decae y nos tendremos que esperar a los tres últimos años del periodo para que hagan su aparición.

La primera de las obras aparecidas en este último periodo surgió una noche tormentosa de 1816 en que Mary WollstoneCraft Shelley (1797-1851) asistió con el que poco después sería su marido, Percy Bysshe Shelley, a un reunión en la que se encontraba Lord Byron y John William Polidori (El médico de Byron). En dicha reunión leyeron historias de fantasmas, discutieron sobre el galvanismo, los experimentos del doctor Erasmus Darwin y la posibilidad de descubrir el principio vital y conferirlo a la materia interte. Finalmente Lord Byron propuso que cada uno de lo presentes escribiera una historia de terror, la apuesta fue aceptada.

Esa reunión a orillas del lago Leman sería la responsable de la creación de Frankenstein o el moderno prometeo de Mary W. Shelley. Publicada en 1818 por su marido Percy B. Shelley y con el anonimato de su autora, fue acogida con aprecio por la masa popular y con cierto recelo por el sector culto. Recelo que fue en aumento al descubrir que el autor era una mujer y que además tan sólo contaba con 18 años cuando concibió su obra.

Frankenstein trata sobre cómo un joven estudiante de medicina, Victor Frankenstein, descubre el secreto de la vida. A partir de restos de cadáveres consigue dar forma a una criatura con apariencia humana, una criatura de proporciones monstruosas y de horrible expresión, pero que posee su propia alma. Victor horrorizado por el ser que acaba de crear decide rechazarlo, la criatura viéndose abandonado por su creador y maltratado por el resto de la sociedad, debido a su tosco aspecto, intentará obtener respuestas del porqué de su existencia.

Sin duda una obra que contiene imágenes sobrecogedoras y angustiantes, en sus páginas encontraremos la desesperación, la venganza y la perdición del alma humana. La obra de Shelley además de ser una magnífica creación de las sombras posee una madurez intelectual más que notable. En sus páginas se cuestiona al hombre como creador, se intentan atisbar los límites morales de la ciencia (plantea cuestiones que más tarde el género de la ciencia ficción rescatará), se pone en tela de juicio la conducta humana...

Intentar diseccionar Frankestein sería demasiado tedioso para un ensayo tan modesto como este, pero importante es remarcar que Shelley no sólo escribió una de las cimas de la literatura gótica, sino que creó una cumbre de la literatura universal.

Pero Frankenstein no fue la única creación que se gestó a orillas del lago Leman, Jhon William Polidori(1795-1821), médico y secretario personal de Byron, creó un relato llamado El Vampiro publicado en 1819.

Su protagonista, un joven caballero de apellido Aubrey, encuentra en lord Ruthven una extraña figura que aparece en todas las fiestas pero al que nadie parece conocer realmente. El destino decide que ambos sean compañeros de viaje por diversas regiones del continente. Sin duda alguna Aubrey tendrá la oportunidad de conocer mucho mejor a su compañero Lord Ruthven y así saber apreciar su particular dieta a base de glóbulos rojos.

Pese a ser algo ingenuo en sus formas, el relato de Polidori está bien desarrollado, acompaña al lector por pasajes escalofriantes y sus argumentos no decaen en ningún momento. Sin duda El Vampiro de Polidori influirá de manera decisiva en Drácula de Stoker y dejará establecidas las bases del vampiro moderno.

Y llegamos al año 1920, año en que aparece una obra monumental como cierre del período gótico, año en el que se publica Melmoth el Errabundo del clérigo Irlandés Charles Robert Maturin.

La novela de Maturin trata sobre como su personaje, Melmoth, tras sellar un pacto con el diablo recibirá una vida inmortal, una vida en la desgracia y la desdicha, una vida de tormentos, una vida en la que su cuerpo vagará sin alma, sin rumbo. Su condición no cambiará hasta que encuentre a alguien que quiera aceptar dicho trato y así poder cederle su maldición. Melmoth en su agonía visitará lugares tan lúgubres como cárceles, manicomios, los tribunales de la inquisición...

La novela de Maturin cuenta con una estructura a base de historias dentro de otras historias, lo cual le hace adquirir un aura onírica en ciertos momentos y a su vez hace que resulte algo difícil de seguir el argumento de algunos de sus episodios. Pese a ello la obra de Maturin nos suministra grandes dosis de sucesos escabrosos y sobrenaturales, nos conduce a las regiones más recónditas del alma humana, donde el bien y el mal se funden, y nos otorgará el gran honor de ser testigos sensoriales de una desdicha sin igual, de un viaje sin retorno hasta las mismas puertas del infierno.

FUENTE TEXTO: Por José González Aguilar

FUENTE VIDEO: INDER PALASTRA / SOPOR AETERNUS

 

28 Mayo 2009

Todo artista ha sufrido, alguna vez, una herida profunda.

Para compensar esta pérdida, el artista se dedica

a fabricar un arma con la que pueda responder a

quienes lo rechazaron o le infligieron esa herida.

Edmund Wilson, The Wound and the Bow, 1965.

 

El epígrafe marca la pauta de una interpretación de las motivaciones del artista acorde con la hermenéutica psicodinámica de la época. No obstante el interés de tal formulación, el título de este artículo nos invita a una reflexión de mayor alcance: el rol que las alteraciones del humor, específicamente la depresión, tienen en la espiritualidad y la creación artística.

Tomando como sustento diversos estudios antropológicos realizados, DISSANAYAKE (1988) afirma que la función del arte era, originalmente, el hacer que los rituales comunitarios fueran gratificantes, tanto física como espiritualmente. El valor del arte consistía, entonces, en reforzar selectivamente aquellas conductas que sirvieran para promover la cohesión grupal y reducir la ansiedad. Como sabemos, la ansiedad primordial es la que ontológicamente nos asalta ante la muerte. De ahí el valor del nigromante y sus rituales, los que en algún momento derivan en una o más de tres posibles vertientes: el acto mágico como expresión de trascendencia artística, el acto mágico en su función preservadora de la vida o el acto mágico como conjuro ante lo ignoto, el más allá.

Pareciera cierto que los propósitos del primer diseñador de bisontes en Altamira y los de un expresionista abstracto neoyorquino son distintos. El primero estaría animado por una intención preservadora, en tanto que la del segundo implicaría, más bien, una ruptura. Esta aparente contradicción se explica mejor si abordamos el papel del artista “moderno” desde otra perspectiva. Si el arte, la religión y los rituales han existido primordialmente para mantener el orden social existente, la función de los expresionistas abstractos es la de quienes se erigen en los últimos artistas de las generaciones recientes que desafiaron el materialismo secular de la sociedad, materialismo originado en la revolución industrial y reafirmado por la hegemonía financiera virtual de la “globalización” y el mercado. En tal virtud, los expresionistas abstractos resultarían ser los últimos portadores de los valores espirituales en una edad materialista.

Como bien nos recuerda la Dissanayake y lo corroboran testimonios diversos, la humanidad continúa una búsqueda perentoria, en términos biológicos, de “significados socialmente compartidos”, pese a que el mundo “moderno”, organizado de acuerdo a los patrones de la sociedad industrial occidental, carezca de un sistema comunitario de creencias, un mito coherente, así como rituales y símbolos religiosos compartidos por su significación social.

CSIKSZENTMIHALYI (1988) sostiene que la ausencia de “símbolos de transformación cultural”, que en culturas anteriores a la caída de dios permitían al artista expresar y aliviar el sufrimiento existencial, fuerza al artista moderno a hurgar en su propia psique “para enfrentar directamente los engendros de sufrimiento que acarrea la existencia humana”. Artistas plásticos como Miró, Rothko y Gorky; y músicos como Mozart, Beethoven o Schumann pueden dar cuenta del sufrimiento personal que tal enfrentamiento entraña.

En una época marcada por la ausencia de mitos sociales y creencias espirituales, la obra de Miró pone a quien aprecia sus cuadros en contacto con las fuerzas cósmicas y misteriosas que gobiernan el universo. Sin embrago, este artista catalán, en un retrato hecho por Marcoussis y él mismo, anota como emblema de su vida “pluie de lyres, cirques de melancolie”. En otro momento afirma “la souffrance, c´est le sacrament de la vie”. ROTHKO (1947-48) expresa de forma categórica la urgencia de la experiencia trascendental como la esencia del arte:

“Yo estoy interesado en expresar las emociones básicas del ser humano –tragedia, éxtasis, perdición, y así por el estilo...La gente que llora frente a mis cuadros tiene la misma experiencia religiosa que yo tuve cuando los pinté”

Jung refuerza esta noción cuando señala que:

“El arte es una suerte de impulso innato que posee al ser humano y lo hace su instrumento. El artista... es un “hombre colectivo”, el vehículo y moldeador de la vida inconsciente de la humanidad. Ese es su oficio y su tarea es a veces tan abrumadora que está destinado a sacrificar la felicidad y todo lo que hace que la vida valga la pena vivirla por un ser humano común y corriente”.

Como veremos más adelante, las vidas de Gorky, Mozart, Beethoven y Schumann dan, también, prueba palmaria de este aserto.

Pero antes de entrar en la decantación de sus historias personales y las posibles inferencias psicopatogénicas de las mismas, permítaseme establecer una salvaguarda ante la tentación de recurrir a explicaciones reduccionistas. Nadie mejor que el teólogo Paul TILLICH (1987) para poner de relieve la dimensión espiritual del arte:

“Las artes... nos abren a una dimensión de la realidad que de otra forma permanecería oculta, y a la vez permiten que nuestro ser se abra para poder acoger esa realidad. Unicamente las artes pueden conseguirlo; la ciencia, la filosofía, la acción moral y la devoción religiosa no lo pueden lograr. El artista brinda a nuestros sentidos, y mediante ellos a todo nuestro ser, algo de lo más profundo del mundo y de nosotros mismos, algo del misterio de ser... Y como teólogo yo quiero decir que esta época, a pesar de su pobreza en pinturas y esculturas religiosas, en el sentido tradicional de las mismas, es un período en el que la dimensión religiosa ha aparecido con un poder asombroso en trabajos no-religiosos”.

En la tradición judeo-cristiana, esta vinculación de las artes con la dimensión religiosa no se reduce a las artes plásticas. En un señalamiento que trasciende el éxtasis catártico de quienes contemplan una pintura de Rothko, se recuerdan los poderes sosegantes, si no curativos, de la música de David: “Cuando el mal espíritu de Dios se apoderaba de Saúl, David tocaba el arpa, la tocaba, y Saúl se calmaba y se ponía mejor, y el espíritu malo se alejaba de él” (1 Samuel 16:23). De otro lado, en un viraje cercanamente relacionado con el aggiornamento que significó el Concilio Vaticano segundo, la tradicional música gregoriana fue dando paso a ritmos y melodías locales que permitían una mejor identificación de la grey con los rituales de la misa.

Relaciones de las bellas artes con la psicopatología

La revista Confinia Psychiatrica ha dedicado numerosos volúmenes al estudio de estos temas. Uno de los trabajos que más me impresionó fue un experimento realizado con la colaboración del gran director musical Herbert von Karajan, quien interpretó variadas piezas a un auditorio cuyas funciones vitales estaban monitorizadas por un polígrafo. Los exámenes electrocardiográficos mostraban, sin género de duda, el efecto de la armonía, melodía y ritmo de la música en las funciones cardíacas. Pongo de relieve este estudio por cuanto significa la validación de un aforismo manido: la música es el arte que permea nuestro mundo espiritual sin necesidad de un filtro cognoscitivo. Si aceptáramos la noción del cerebro “triuno” de Mac Lean, se diría que la música se dirige al cerebro reptil (complejo estriado y ganglios basales) y al cerebro paleomamífero (sistema límbico). Sin dejar de tomar en consideración que el neocortex también tiene una función significativa en nuestros afectos, aprovecharemos momentáneamente la noción de que la música puede develar la intimidad de nuestras emociones reproduciendo los primigenios caminos evolutivos de la filogenia y la ontogenia.

En el plano filogenético, no deja de ser llamativo el hecho que los campos de cultivo cercanos a un aeropuerto decrezcan en productividad por la intensidad de los ruidos ambientales y que las vacas den más leche cuando pastan en corrales con altavoces musicales. En el ontogenético, el efecto de la música alegre o sedante en los niños y las experiencias con los métodos Orff y Suzuki son conocidos por paidólogos y pedagogos.

Si esbozáramos una aproximación histórica a la comprensión de los trastornos del humor, tendríamos que empezar esta indagación con las conexiones que estableciera Pitágoras entre la música y los estados de ánimo, cinco siglos antes de Cristo. Las relaciones numéricas y simétricas entre el macro y microcosmos (el hombre y la naturaleza) establecían un orden armónico que trascendía las matemáticas y se extendía a la música y la medicina. Ello explica el uso de la música como instrumento catártico. Se cuenta que Pitágoras y sus amigos se entregaban a largas sesiones en que se tocaba la lira y se cantaba para acceder a estados de mejor elación, entendida como una sensación de mayor armonía y eurritmia.

Como es sabido, el paradigma de la disarmonía humoral prevaleció en el fisiopatología y la psicopatología hasta mediados del s. XIX. Las alteraciones en los cuatro humores básicos (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) daban cuenta de los trastornos somáticos y psíquicos de las personas. El desbalance del último de los humores daba lugar a la melancolía.

Si bien el descubrimiento de la patología celular en la segunda mitad del s. XIX revocó las teorías humorales y puso en vigencia el paradigma del solidismo, la influencia de los humores señalados mantuvo su influencia en las concepciones caracterológicas de la psicopatología francesa, como se puede apreciar en la tipología de Le Senne, que incluye dos denominaciones “humorales” (sanguíneo y flemático) y otras más relacionadas con estados afectivos (nervioso, sentimental, colérico, apasionado y apático), aparte la categoría amorfa.

El lector atento habrá advertido, a estas alturas, que al referirnos a las bellas artes nos hemos centrado en la música y la pintura. La primera justificación de esta selección emana de la caracterización de la música como una percepción “primaria”, aparentemente desprovista de intencionalidad cognoscitiva (lo que, naturalmente, no es). La segunda es que para los propósitos de una correlación entre estados de ánimo y manifestaciones artísticas, la apreciación de la pintura parece más inmediata que la elaboración, por así decirlo, que un texto. En un país que ha producido una figura pardigmática en el estudio de la depresión, como es Arguedas, esta apuesta parece tanto más riesgosa. Debo aclarar que la exclusión de personajes literarios obedece a una opción signada por la conveniencia de la brevedad y la urgencia editorial. El estudio de las relaciones de la literatura con la depresión (y viceversa) es un desafío de la mayor magnitud, que duda cabe.

A mitad de camino entre la religiosidad y la música y la pintura encontramos a un personaje, el famoso maestro flamenco Hugo van der Goes (1440-1482), quien luego de una meteórica carrera de éxitos pictóricos decide hacerse hermano de una orden religiosa a los 35 años y a los 40 presenta indicios de una depresión psicótica que es tratada como lo fuera la enfermedad del rey Saúl, mediante la interpretación de música instrumental a la que se adicionó el coro de la capilla de la orden. La utilización de la música como medio terapéutico obedecía, no obstante, a una concepción metafísica en la que la lira de David, o los coros, eran meros instrumentos de la voluntad divina. No obstante que el filósofo romano Boecio (480-524) intentara ligar los astros con una forma de música (mundana), a los seres humanos con otra (humana) y aconsejara restablecer el equilibrio que pudiera haberse roto con la interpretación de una tercera forma de música, la instrumental, es recién con Ramis de Pareia que se sistematiza un saber que brinde sustento conceptual a la musicoterapia. Este autor español del s. XV, en su obra Musica practica (1482) correlaciona los humores básicos con las llaves musicales y estas, a su vez, con los astros respectivos. Así, el “tono tetartus” correspondía a la bilis negra, causa de la melancolía, y al planeta Saturno, el planeta de las depresiones.

Esta somera descripción, con visos de erudición, pecaría de superflua si no pusiera el telón de fondo a una iluminación genial que emana de la teoría humoral. Thomas de Vio Cajetanus (1469-1534), un teólogo de nota que solía polemizar con Lutero, en un comentario del antiguo testamento (citado por Lieburg), describe el espíritu malévolo en Saúl no como producto del demonio, sino como un “spiritus melancholicus” y lleva la discusión acerca de los efectos terapéuticos de la música del plano metafísico al de la patología humoral:

 

“No es sorprendente, ciertamente, que la música no solamente detenga el movimiento del espíritu melancólico, sino que lo anule por completo. Porque el trastorno físico pasa a la mente y el sonido placentero de la música refresca la mente y calma los agitados movimientos, tanto del espíritu como del cuerpo. En la misma medida que un sufrimiento físico afecta la mente, en el caso inverso, un estado mental tiene efectos en el cuerpo. La elección de las palabras en el texto (acerca de David y Saúl) confirma...que por espíritu endemoniado se entienden los ataques del espíritu melancólico, porque de otra forma no se habría sostenido que se rindió ante la música, a la que se señalaba como la única razón de su cura. Además, no se debe dejar de lado la secuencia de los efectos de la música en Saúl. La primera consecuencia fue una “expansión” del corazón, precisamente lo opuesto a lo que se encuentra en un trastorno melancólico. Porque en este último caso el espíritu se contrae; por otro lado, la felicidad hace que se expanda. Esto explica porqué Saúl se sintió mejor y finalmente fue liberado de su condición melancólica. Esto se debe a que los remedios naturales tienen un efecto gradual”.

Lo cierto es que el diagnóstico de la verdadera “condición” de Saúl no resulta muy clara y que, por desgracia, no se curó con la lira y las canciones de David. Su agresividad fue en aumento y sus estados de postración menudearon, no obstante la musicoterapia. Pero lo más importante de la cita de Cajetanus es la parte que me he permitido resaltar en negrita, por su actualidad como formulación teórica de los sustentos de la medicina psicosomática (recuérdese el experimento de von Karajan) y por su pertinencia en torno a las breves patografías que sazonarán esta presentación.

Ha sido señalado que las teorías humorales respecto al temperamento y comportamiento de las personas dieron paso a las concepciones apoyadas por el conocimiento de la morfología celular. En el s. XX cobró auge una concepción dinámica que se nutría de la fisiología y el paradigma organísmico de Wiener, mediante el cual el funcionamiento del sistema nervioso se formulaba en términos cibernéticos. Pero a fines de ese mismo siglo, los experimentos de un psicólogo nos enseñaron que las terminaciones nerviosas tienen directa relación con el sistema inmunitario y que la biología molecular puede ayudarnos a comprender fenómenos “metapsicológicos” como el inconsciente y la consciencia. El dualismo cartesiano se caía a pedazos.

En un libro dedicado a homenajear al pintor catalán Joan Miró, que lleva el significativo título de La depresión y lo espiritual en el arte moderno, su compatriota y colega nuestro Jordi OBIOLS (1996) formula algunas perspectivas neuropsicológicas en torno al arte y la creatividad. Sostiene tres hipótesis de trabajo:

1. Las raíces del arte se hunden en lo primitivo y arcaico para dar lugar a conductas ancestrales. Paralelamente, en el origen de los fenómenos artísticos se encuentran combinaciones complejas de estados psicológicos de contenido emocional (trascendencia, éxtasis y otros) que relacionan al arte con lo sacro y las experiencias religiosas.

2. En el plano cognoscitivo, se aprecia una dualidad entre lo receptivo y lo creativo, entre la aprehensión de la totalidad y la percepción de las distintas partes que permite el análisis. Esta dualidad lleva a diversas antinomias (intuición/razón, síntesis/análisis, sensibilidad/intelecto.

3. La creatividad artística depende de la interacción entre los procesos psicológicos de control y espontaneidad, de inhibición y relajación y de adherencia a las normas y su violación. Ninguna obra de arte puede crearse en ausencia de esta dicotomía fundamental.

Estos tres aspectos son desarrollados en el contexto de una explicación topográfica de los procesos mentales que se apoya en las funciones subcorticales, la diferenciación hemisférica del cerebro y el papel del neocortex.

En relación a las estructuras subcorticales, retoma la noción del cerebro “triuno” de Mac Lean para poner énfasis en la idea que las formaciones más “antiguas” del cerebro (la porción “reptileana” y el paleoencéfalo) corresponden a funciones primitivas filo y ontogenéticamente hablando. Alude a nociones como los “arquetipos” de Jung y las “imágenes primordiales” que son comunes a todas las culturas, según Arnheim, para luego sustentar su postulado en los conocimientos que aporta la etología respecto a conductas primitivas esenciales para la conservación de las especies y que tiene evidentes connotaciones estéticas, como son las complejas melodías del canto de los pájaros, la atracción visual o la danza. Obiols sostiene que estos fenómenos son protoartísticos y que el fundamento de los mitos más primitivos asienta en la territorialidad, la sexualidad y el asombro ante la muerte. Todos ellos, según este autor, constituyen el manantial del que fluye toda expresión artística.

Reflexionando sobre estas aseveraciones, se podría decir con Cocteau que es preferible adherir a los mitos, porque acaban siendo verdades, y no dar mucho crédito a los “hechos”, cuando estos acaban convirtiéndose en mentiras. Esto ocurre cuando Obiols, fiel a Mac Lean y echando mano de explicaciones neurológicas, pretende dar explicaciones “topográficas” al fenómeno creativo. Insiste en la vieja noción de que los “pensamientos” y las “emociones” pueden ocurrir de forma “independiente” porque, de acuerdo a Mac Lean, “son producto de diferentes mecanismos cerebrales”, centrando los sentimientos en el sistema límbico, aunque parece apuntar en la dirección correcta cuando anuncia que “la corteza límbica tiene la capacidad de generar sentimientos (flotando libremente, inespecíficos) que dan sentido a lo que es real, verdadero e importante”.

Más controvertida es la tesis de la epilepsia del lóbulo temporal como matriz explicatoria de la creatividad artística y el misticismo religioso. Cierto que esta patología, cara a los psiquiatras por su asociación con síndromes esquizofreniformes, da cuenta de manifestaciones semiológicas como la despersonalización, la desrealización, la sensación de extrañeza de lo percibido; así como de fenómenos como el placer pleno, el éxtasis y el triunfo. De esas vivencias ictales pasa a describir las interictales del síndrome de Geschwind, en que los pacientes narran experiencias de clarividencia, certeza, convicción y revelación de la verdad, para acabar señalando que tales experiencias demuestran la relación entre la activación de las estructuras del sistema límbico con las experiencias de éxtasis, iluminación, contacto con Dios y religiosidad. ¿Y qué tiene que ver todo esto con la creación artística? Fácil, se añade a Dostoievsky y sus auras premonitorias, descritas finamente por Gastaut: “...una brillante sensación de éxtasis, de contemplación de Dios, asociada con una exaltación de los poderes intelectuales, de una sensación de felicidad infinita” . Por si ello no fuera suficientemente convincente, se cita también a BEAR (1991):

“Pareciera que un foco temporal en un individuo superior puede desencadenar una búsqueda extraordinaria de lo que llamamos sea belleza o verdad”.

Luego menciona a Mandell y su teoría del “puente farmacológico a la trascendencia” en relación a las experiencias con psicodislépticos de la segunda mitad del s. XX, las que llevaron a protocolos terapéuticos con psilocibina, inclusive, para rematar con una alusión al síndrome de hiporreactividad visoemocional en pacientes con daño en hemisferio derecho y pequeñas injurias en el lóbulo occipital izquierdo profundo. Todo esto dentro de la lógica de la especialización topográfica del cerebro, lo que se hace más patente cuando analiza las funciones del hemisferio derecho en relación con la creatividad artística (el caso de Ravel ha sido estudiado en el Perú por Artidoro CACERES (1997); pero antes, en una de sus obras más inspiradas pero quizás menos estudiadas, José Carlos MARIATEGUI (1959) había descrito el caso del profesor Canella, que asoció con una pieza de Giraudoux en La novela y la vida). Obiols termina su explicación en la cúspide de especialización cerebral, el neocortex, para subrayar el significado del síndrome órbito-frontal como sustrato de una “hipofrontalidad” que, de un lado nos lleva a comportamientos disruptivos tradicionalmente descritos como “infantiles” y, del otro, a la experiencia artística primigenia, tal como se aprecia en el art brut.

Como preámbulo a sus consideraciones finales, cita dos veces a VIGOUROUX (1992):

“El arte y la locura tienen, para empezar, algo en común, el resurgimiento de lo inconsciente en la vida consciente” (p. 36).

“El período que precede la iluminación implica, con frecuencia...una disminución en la vigilia. Estos estados permiten la asociación libre de los objetos mentales y, en consecuencia, favorecen los procesos de comparación de las representaciones internas. Se puede entender entonces que los períodos de somnolencia, cercanos a la conciliación del sueño, puedan constituir los momentos más propicios para la inspiración” (p. 271).

Obiols establece un esquema en que en el eje vertical y en forma ascendente se ordenan los procesos cognoscitivos, desde una franja inferior caótica hasta una superior estructurada, pasando por un estadio intermedio en que tienen lugar los puntos de clivaje creativos. Estos aparecen como proyecciones del inconsciente (y el sueño) que irrumpen durante los estados hipnagógicos y la hipomanía. El autor lo explica así:

“Los estados transicionales son, por tanto, los más interesantes, puesto que son los que facilitan el surgimiento de la creatividad. En la transición de los estados de alerta a los de cansancio (hipnagogia) así como en la transición de la normalidad a la manía (hipomanía, euforia), se puede producir el fenómeno de creación”.

Todo esquema bien envuelto es atractivo. Curiosamente, Obiols habla de “atractores” como los principios ordenadores del acto creativo, un magma de caos en su concepción primigenia. Pero este esquema resulta forzado y carente de sustentación empírica actualizada. Verdad es que fuera formulado hace algunos años, pero en su época ya se conocían algunas de las cosas que vamos a señalar.

Primera, la asociación entre dos factores no hace que uno sea causal del otro. Esta simple premisa epistemológica es obviada en muchas investigaciones de campo y en no pocas interpretaciones académicas. Que un epiléptico sea genial no hace geniales a todos los epilépticos, como previene Bear; así como la homosexualidad de Miguel Angel u Oscar Wilde no supone que para pintar o escribir bien se tenga que ser homosexual.

Segunda, la diferenciación entre funciones corticales exclusivamente “intelectuales” y “afectivas” no es más cierta. Las nociones de inteligencia emocional e inteligencia social dan cuenta de ello.

Tercera, la concepción del SNC como una computadora con funciones especializadas ha sido superada por su tipificación cercana al funcionamiento del sistema inmunitario. La investigación sobre las funciones de la glía, las interleukinas y la posibilidad de regeneración neuronal nos hablan de flujos y reflujos en que los estados de alerta, agotamiento, excitabilidad y control responden a primeros, segundos y terceros mensajeros, todo lo cual hace muy complejo establecer esquemas lineales. El pensamiento (o la inspiración) emerge por saltos. Un claro ejemplo es el fenómeno que los anglosajones denominan serendipity y que explica descubrimientos geniales en medio de estados de sueño (aparentemente REM), ampliamente documentados a la fecha.

Cuarta, los fenómenos de creatividad artística y espiritualidad religiosa en su forma más auténtica, parecen más cercanos a la vivencia del sufrimiento (contenido afectivo); y no a una elaboración delusional emparentada con la seudocreatividad de algunos desadaptados o místicos esquizofreniformes. El caso estudiado por Honorio DELGADO (1966) en el Hospital Victor Larco Herrera, de un pintor esquizofrénico con evolución doblemente favorable gracias a la pintura es, desde esta perspectiva, atípico. Las estadísticas de Andreasen y Schildkraut, que serán comentadas enseguida, así lo confirman.

 

fuente texto: jorge castro morales depresion y bellas artes.

fuente imagenes: depresion

22 Enero 2009

Comentaremos los 6 grandes fracasos de su vida.

Primer fracaso:

su primer empleo lo obtiene en la sucursal de La Haya de la famosa Galería Goupil de París, fundada por su tío. Vincent Van Gogh, lo desempeña por 3 años (1869-1872); es trasladado luego a una más importante sucursal, la de Londres * Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina. y, de allí, a la central francesa. Sin embargo, fracasa VINCENT VAN GOGH 274 Vol. 105, Nº 2, junio 1997 en esta tarea, porque antepone sistemáticamente el valor objetivo, intrínseco de la obra a la calidad artística de la mercancía y además, los dueños de la galería notan que Vincent siempre buscaba un rincón solitario de la empresa para leer y traducir la Biblia a varios idiomas. Lo destituyen, pero luego le permiten renunciar para no manchar su hoja de servicio.

Emprende el camino a su casa a comienzos de 1876. En 1872 da comienzo a un abundantísimo epistolario (1) dirigido en su mayor parte a su hermano más pequeño, nacido en 1857, de nombre Theodorus y a quien cariñosamente llama Theo. Se trata de una segunda creación, que por su descarnada autenticidad, por el desesperado reflejo de sus estados de ánimo y de sus más pequeñas dudas de conciencia, tiene en el plano literario la misma dignidad expresiva y creativa alcanzada en sus cuadros. Se trata de un corpus de más de 800 cartas que nos permiten penetrar a las zonas más recónditas del pensamiento de Vincent, posibilitándonos la reconstrucción precisa y casi a diario de su vida y su obra.

Este corpus constituye, en conjunto, el testimonio irrecusable de una concepción del mundo, una vida y un pensamiento de elevadísimo sentido moral, expresión de una sinceridad absoluta, una fe ingenua y acendrada, un amor infinito a todo, una generosa humanidad, un inquebrantable amor fraternal. Estas cartas pueden contrarse entre legados más conmovedores que nos ha dado el siglo XIX. El epistolario de Van Gogh contiene algunos de los más bellos textos literarios que jamás haya escrito un pintor. Más aún que sus cuadros, sus cartas fueron puentes tendidos sobre la soledad y el dolor.En sus cartas, con una lucidez impresionante volcó todo el drama de su existencia, el drama de su espíritu y los rasgos inteligentes más sutiles de sus inquietudes artísticas y humanas.

Segundo fracaso:

su padre le consigue en Londres dos pequeños trabajos, uno en Ransgate en el Condado de Kent como profesor de idiomas y otro en Isleworth, cerca de Londres, como ayudante de Predicador. Aquí fracasa nuevamente, a los pocos meses es destituido porque no se ajusta a los estrictos contenidos curriculares de la época.

Tercer fracaso:

Vincent decide hacerse teólogo, pero fracasa una vez más, porque el estudio lo convierte en un erudito, pero lo desvía de su vocación que era la de llevar directamente el Evangelio a los hombres y además descubre manejos dolosos en sus profesores y le escribe a Theo; “Los profesores de la Universidad de Amsterdam, por lo menos en cuanto a las disciplinas teológicas se refiere, son impostores y verdaderos fariseos, enseñan en clase lo que no cumplen en la vida real” (Doble discurso).

Cuarto fracaso:

en enero de 1879, obtiene el cargo de Predicador libre en la cuenca minera belga del Borinage. Al llegar queda estupefacto ante la miseria crítica de los mineros y le escribe a Theo: “Estoy asistiendo a los cursos gratuitos de la gran Universidad de la miseria”. Allí vive la penuria y las privaciones de los enfermos, evangelizando y compartiendo con ellos su escaso dinero, pero también les dice que es necesario hablar con los dueños de las minas para que les aumenten el sueldo y puedan sobrevivir. Este arduo trabajo le produce un gran agotamiento. Sus comentarios llegan a los dueños, quienes prefieren prescindir de sus servicios. Tenía 26 años. Para esta época Vincent se atormenta de una manera intensa: “Mi única preocupación es para qué podré valer, a quién podría ayudar, cómo me las arreglaría para ser útil a los demás”.

Quinto fracaso (amoroso):

a. En 1874, en Londres sufre su primera decepción amorosa, siendo rechazado por la joven que amaba, de nombre Eugenia Loyer, hija de la Sra. Ursula, dueña de la pensión donde Vincent se alojaba;

b. En 1875, en dos oportunidades, es rechazada su oferta de amor por su prima Kate Vos-Stricker; c. En 1881 se enamora de una joven viuda y es rechazado por cuarta vez en su vida. Vincent no tenía nada monetario que ofrecer, porque era mantenido por su padre;

d. En 1884 conoce a una vecina, la Srta. Margarita Bergeman, de quien se enamora profundamente y ella le corresponde, sin embargo, la oposición familiar fue tan grande que Margarita se suicida;

e. En estos momentos, Vincent se muestra decepcionado y cae en los brazos de Clasina (Sra. María Hoornik), una hermosa prostituta de un burdel cercano a su domicilio, quien le da el cariño, la comprensión, la ternura y el calor LÓPEZ JE ET AL Gac Méd Caracas 275 humano que tanto necesitaba. Estas circunstancias le obligan a cerrar definitivamente la posibilidad de un matrimonio que le diera hijos y la estabilidad emocional que tanto ansiaba. Sexto fracaso: es en el Borinage donde Vincent descubre definitivamente que la pintura será su destino, después de un profundo examen de conciencia que realiza en el verano de 1880 y que está atestiguado en una carta que le escribió a su hermano Theo; sin embargo, las vicisitudes de su formación artística, al igual que su vocación religiosa, se desarrollan de un modo borrascoso y un tanto irregular. Con sus cuadernos llenos de dibujos inspirados en la vida de los mineros, se traslada a Bruselas para estudiar dibujo y perspectiva.

La muerte repentina de su padre y la necesidad de dinero lo llevan sucesivamente a Amberes en el invierno de 1885 y en 1886 se traslada a París, en donde vuelve a reencontrarse con su querido hermano Theo. Vincent se encuentra a medio camino entre misticismo, romanticismo y realismo y con un código moral particular: el del cumplimiento estricto de sus propias obligaciones, tal como lo aprendió de la rigurosa ética calvinista en la cual fue educado. Hasta ese momento, no había visto un solo cuadro impresionista y Paul Gauguin era un absoluto desconocido para él. Recordaremos que en el plano estilístico, el Impresionismo realmente comienza en 1874, cuando Eduard Manet se atrevió a sustituir, por primera vez, la tradicional base dibujada de un cuadro por el empleo de grandes cantidades de color puro

FUENTE TEXTO: Vincent Van Gogh, su vida, enfermedad y obra Drs. José Enrique López*, Myriam Marcano Torres, José Enrique López Salazar, Yolanda López Salazar, Humberto Pasanella

FUENTE IMAGENES: LA NINFA, GOTHIC CELEST.

FUENTE VIDEO:BLUTENGEL.. NO ETERNITY

2 Enero 2009

I. Su biografía “On ne saurait toujours dire ce que cést qui enferme, ce qui mure, ce qui semble enterrer, mais on sent pourtant je ne sais quelles barres, quelles grilles, des mures” Vincent Van Gogh (“No podría nunca decirse que es lo que encierra, lo que enclaustra, lo que parece sepultar, pero se percibe sin embargo, no se qué barreras, que verjas, unos muros).

Toda la vida de Vicente Van Gogh fue una lucha para escapar de esa cárcel del alma por medio de actos de amor hacia el mundo de los hombres, desde esta perspectiva su trayectoria humana con sus inquietudes religiosas y humanitarias, con su irresistible vocación pictórica, es una serie de duras conquistas espirituales, expiadas cada una de ellas con el dolor y finalmente con la muerte. Vincent Willen Van Gogh nació el 30 de marzo de 1853 en Groote Zundert, una población del bravante holandés. Pueblo pequeño y austero, pocas casas, gran iglesia, pequeño cementerio, muy cercano de la frontera con Bélgica. Su familia no era rica, pero ocupaba un lugar digno en la sociedad. Su padre, Theodorus Van Gogh, era Pastor de la iglesia protestante holandesa, furibundo calvinista, educaría a sus hijos en la estricta y rígida disciplina calvinista, que marcará a Vincent para toda la vida. Desde muy pequeño era muy inclinado a la soledad y al ensimismamiento, estaba siempre suspirando por la amistad y el trato con la gente que tan obstinadamente rehuye. En opinión de la mayor parte de los que le conocen, la convivencia con él era sumanente difícil. Por su aspecto y su manera de ser, movía decididamente a la risa a sus compañeros, puesto que Vincent pensaba, sentía, vivía y actuaba de forma completamente diferente a la de todos los jóvenes de su época. En su rostro había siempre una expresión abstraida, reflexiva, grave, melancólica. Por eso le costaba un trabajo terrible adaptarse e incluso era incapaz de conseguirlo. En esta época no parecía tener un objetivo, alguna finalidad en su vida, sin embargo, está animado de un sentimiento profundo, que no puede denominarse sino fe. Poseía desde su juventud una profunda religiosidad, le preocupaba lo trascendente, lo esencial, el verdadero sentido de la vida.

FUENTE TEXTO: Vincent Van Gogh, su vida, enfermedad y obra Drs. José Enrique López*, Myriam Marcano Torres, José Enrique López Salazar, Yolanda López Salazar, Humberto Pasanella

FUENTE VIDEO: THE LINES OF MY EARTH... SIXPENCE NONE THE RICHER

29 Julio 2008

El 5 de junio de 1939 una noticia conmovió a París: el verdugo oficial, Henri Deibler, amenazó con renunciar a su cargo si el ministerio de justicia insistía en que debía guillotinar a una mujer, Josephine Mory, por el atroz asesinato de su nuera, que era profundamente odiada por ella, y a quien ahorcó en una puerta.

Puesto contra la pared, y ante la dificultad por aquellos días para conseguir un remplazo, el presidente Lebrún le conmutó la pena capital a la mujer por la de prisión perpetua.

Un tanto supersticiosos, todos los predecesores de Deibler en cincuenta años se negaron a ejecutar a cualquier mujer. Sobre todo desde cuando Georgette Thomas -una infame devoradora de niños- arrancó de un mordisco el dedo de uno de los ayudantes del verdugo, llamado Berge, cuando era conducida maniatada al suplicio.

La resistencia de los verdugos franceses a ejecutar damas, sin embargo, tenía razones aún más poderosas, también relacionadas con agüeros. El 27 de febrero de 1872, el verdugo Heindrech guillotinó a Catalina Gerbaude, y el 21 de marzo a Mary Loth. Una semana después, Heindrech murió repentina y misteriosamente. Su primer ayudante, Roch, heredó el cargo de verdugo y el 3 de enero de 1876 ejecutó a Sofía Banyou, quien asesinó a sus siete hijos dándoles agujas en sopa de pan. También, una semana más tarde, el verdugo falleció de manera misteriosa.

Henri Anatole Deblier, de barba gris, era conocido como el 'Monsieur de París', y era el cuarto hombre que poseía el título de verdugo oficial bajo la Tercera República Francesa. De acuerdo con la tradición de su familia, Deibler heredó el puesto de su venerable padre Anatole Deibler, quien a su turnó lo heredó de M. Roch, quien lo recibió de M. Heindrech. Tenía un sueldo fijo de dieciocho mil francos por año, además de los gastos, unos ochocientos dólares, aproximadamente. A lo largo de su oficio, Deibler sobrepasó el record de su padre en ciento sesenta y tres ejecuciones, pues alcanzó a más de cuatrocientas, a un promedio de veinticinco por año. Llegó a ser tan experto que guillotinaba a un hombre en treinta segundos.

Deibler era dueño de dos guillotinas. Una era una pesada máquina, que usualmente se instalaba en las afueras de la prisión de La Santé, para trabajos rápidos durante la mañana; a veces era transportada a Versalles para encargos especiales, como el ajusticiamiento de Landrú, el barba Azul francés. La segunda guillotina era un aparato más liviano, que se transportaba a las provincias y también a Córcega, en donde la guillotina llegó a ser una necesidad oficial. Henri Deibler, como su padre, tomó en serio de trabajo. Sin embargo no fue como este el verdugo elegante de los tiempos de la monarquía, con medias de seda, pantalones de satín y peluca ondeada. Al contrario, uso el tradicional sombrero de copa y trabajaba con ayudantes.

Supersticiosos como el que más, los franceses de principios de siglo consideraban que traía buena suerte toparse con Deibler. La gente que pasaba por su casa no se retiraba sin antes tocar sus objetos, y hasta se consideraba que si se le pedía consejo para comprar el número de la lotería podría ganarse el número mayor.

Cansado de tanto ajetreo, un cierto día el buen Deibler decidió cambiar de pasatiempo. Un funcionario del ministerio de Justicia anunció su reemplazo: "el presente verdugo ha anunciado su intención de retirarse pronto de su oficio y dedicarse al cuidado de las rosas en una pequeña casa de campo que ha comprado con sus economías. Será sucedido por su sobrino André Perrier, quien ya ha manifestado su intención de no guillotinar nunca mujeres".

No se sabe si Deibler alcanzó la misma pericia con los delicados cultivos de rosas como lo logró con sus certeras guillotinadas. En su historial de verdugo sólo se menciona una mancha que afectó su hoja de vida: en 1907, cuando iba a ejecutar a un tal Lepont, la cuchilla se trancó antes de llegar a la fatal ranura. Pero esa falla a él no lo perturbó. Inpertérrito, tomó un trapo, lo untó de grasa, levantó la cuchilla, la dejó caer de nuevo y en treinta segundos acabó el suplicio del pobre condenado.

El 2 de febrero de 1939 el gobierno parisino interrumpió las transmisiones de radio para anunciar una infausta noticia. De manera escueta y lacónica, el locutor dijo: "Falleció hoy, a la edad de setenta y seis años, el verdugo oficial de Francia, Henri Anatole Deibler, a causa de una congestión ocasionada por un resfriado, en momentos en que descendía las escaleras de la estación del metro de Saint Cloud. Rogamos al santísimo piedad por su alma. Que descanse en paz".

fuente texto: anonima

fuente video: sirenia

fuente imagen: clangothic

30 Abril 2008



Facebook es un proyecto muy bien financiado, y los capitalistas detrás de esta exitosísima red social pertenecen a Silicon Valley, y conciben el mundo desde una clara postura ideológica. Facebook, al igual que su predecesor PayPal, es un experimento social de perfil neoconservador.

En Facebook, uno es libre para ser quien quiera ser, siempre y cuando a uno no le importe ser bombardeado por la publicad de las grandes marcas del mundo. Aunque el proyecto fue concebido por Mark Zuckerberg, la cara real detrás de Facebook es Peter Thiel, inversor de capital de riesgo y filósofo futurista. Solo hay tres miembros en la junta de Facebook: Thiel, Zuckerberg y un tercer inversionista llamado Jim Beyer.

Thiel invirtió 500.000 dólares en Facebook cuando los tres creadores fueron a visitarlo en San Francsico en junio de 2004. Hoy es dueño del 7%, que equivale a más de un billón de dólares. Thiel es visto en Silicon Valley como un genio. Es el cofundador y presidente del sistema de pago en línea PayPal. También dirige un fondo de cobertura llamado Clarium Capital Fund y uno de capital de riesgo llamado Founders Fund. La revista Bloomberg Markets lo llamó hace poco “uno de los más exitosos inversionistas de capital de riesgo en el país”. Es también un vigoroso activista del neoconservadurismo. Se graduó en Filosofía en Stanford y es coautor del libro El mito de la diversidad, un ataque minucioso al multiculturalismo y al liberalismo.
Durante sus años en la universidad, fundó un periódico de derecha llamado The Stanford Review. Es también miembro de TheVanguard.org, un grupo de presión neoconvervador basado en internet y creado para atacar MoveOn.Org, un grupo de presión liberal. Su filosofía la resume el propio website: “Vanguard.org es una comunidad en línea de norteamericanos que creen en los valores conservadores, en el libre mercado y en limitar la interferencia del Estado”.


Describe su política como reaganista-tatcherista. El mensaje del director dice: “Hoy les enseñaremos una lección que nunca olvidarán a MoveOn, a Hillary y a la prensa liberal”. Su postura política es clara. Pero, ¿y su filosofía? Básicamente, es esta: Desde el siglo xvii, algunos pensadores iluminados están alejandose de la vieja noción de la vida ligada a la naturaleza (cita la famosa definición de Thomas Hobbes de la vida como “desagradable, brutal y corta”), para acercarse hacia un nuevo mundo virtual en el que habremos conquistado la naturaleza.
El valor ahora solo existe en las cosas imaginarias. Thiel dice que PayPal fue motivado por esta creencia: que puedes encontrar valor no en objetos manufacturados, sino en las relaciones entre los seres humanos. PayPal fue un una manera de mover dinero alrededor del globo sin restricciones, saltándose todos los controles de divisas”. Facebook es otro experimento ultracapitalista: ¿Se puede hacer dinero con las amistades? ¿Puedes crear comunidades libres de fronteras y venderles Coca-Cola? Facebook no fabrica absolutamente nada. Es un simple mediador de relaciones que ya existían.

El mentor filosófico de Thiel es René Girard, de Stanford, quien propone la teoría de que el comportamiento humano funciona por deseo mimético. Girard alega que la gente es esencialmente borrega y se copia una a otra sin mucha reflexión. La teoría parece ser correcta en los mundos virtuales de Thiel: el objeto de deseo es irrelevante. Todo lo que se necesita saber es que los seres humanos tienden a moverse en manadas. De ahí las burbujas financieras. Y de ahí la enorme popularidad de Facebook. Girard es un asiduo invitado a las tertulias intelectuales de Thiel. Pero en ellas nunca se habla de conceptos como el arte, la belleza, el amor, el placer o la verdad.

Internet es muy seductor para neocons como Thiel porque promete un tipo de libertad en las relaciones humanas y en los negocios, libertad de las leyes de los países. Internet abre un mundo de expansión del libre mercado y laissez faire. A Thiel también le encantan los paraísos fiscales y dice que 40% del dinero del mundo está entre Vanuatu, las Islas Caimán, Mónaco y Barbados. Si en el pasado la vida era desagradable, bruta y corta, en el futuro, Thiel quiere alargarla. Por eso ha invertido en una compañía que explora teconologías para extender la vida. Ha donado 3.5 millones de libras al gerontólogo británico Aubrey de Grey, quien busca la clave de la inmortaldiad. También está en el consejo del Singularity Institute for Artificial Intelligence. En su fantástico website se lee: “Singularity busca la creación tecnológica de una inteligencia superior a la humana”. Thiel admite que quiere reemplazar el mundo real, que llama “naturaleza” por un mundo virtual. Es en este contexto que debemos ver Facebook. Facebook es un experimento deliberado de manipulación global. Y Thiel es un brillante genio en el panteón neoconservador, con una curiosa inclinación hacia las fantasías tecno-utópicas.


El tercer miembro de la junta de Facebook es Jim Breyer. Socio de Accel Partners, invirtió 12,7 millones de dólares en Facebook en abril de 2005 y está en la junta de gigantes como Walmart y Marvel. Fue presidente del National Venture Capital Association (nvca). La más reciente inyección de capital a Facebook –27,5 millones de dólares– fue liderada por Greylock Venture Capital. Uno de los socios de Greylock es Howard Cox, también ex presidente de nvca), y miembro de junta de In-Q-Tel. ¿Y qué es In-Q-Tel? Pues nada menos que el ala de inversión en capital de riesgo de la cia. Creada en 1999, su misión es la de “identificar y asociarse con compañías que estén desarrollando nuevas teconologías para ayudar a proveer soluciones a la Agencia Central de Inteligencia”.
Aún si no compran la idea de que Facebook es un híbrido, extensión de un programa imperialista cruzado con una herramienta masiva de recolección de información, no se puede negar que, como negocio, es absolutamente genial. A sus dueños, les basta con sentarse a ver cómo millones de adictos a Facebook ofrecen de forma voluntaria información sobre su identidad, fotografías y listas de sus objetos de consumo favoritos.


Esta gigantesca base de datos es vendida a los anunciantes, como dice Zuckerberg, “para tratar de ayudar a la gente a compartir información con sus amigos sobre las cosas que hacen en la red”. El pasado 6 de noviembre Facebook anunció que 12 marcas globales –Coca-Cola, Blockbuster, Verizon, Sony Pictures y Conde Nast, entre ellas– se habían unido a Facebook. “Compartir” es la palabra de Facebook para “publicitar”. Admita en Facebook que le gustó una película y apenas salga una película similar, puede estar seguro de que le enviarán un aviso.

Lea la política de privacidad de Facebook y se dará cuenta de que prácticamente no existe. Facebook parece más un regimen totalitario virtual, ideológicamente motivado, con una población que crece unos dos millones de personas por semana y que ya ha superado los 60 millones. Thiel y sus socios han creado su propio país. Un país de consumidores. Puede que Facebook sea un experimento genial, pero tal vez usted no quiera formar parte de un proyecto cuyo fin es crear una república virtual global, donde usted y sus relaciones con sus amigos son convertidos en bienes que se venden a las grandes marcas global.

FUENTE TEXTO: the guardian periodico. tom hodgkinson
FUENTE IMAGENES: GOTHIC DREAM
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