
imagen by Daniela Duque
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LA 34
por juan andres gutierrez
Que importa si morimos conduce mas rápido acelera, no mires adelante, bésame, que la noche es fría, que la noche muere, que hay veneno en nuestras venas, mezcla de lagrima y aguardiente -le dije a Laurita- tratando de aferrarme a ella, tratando de que el auto perdiera el control, ella lloraba y me observaba.
me escapo de tus manos esta noche solo te pido maneja rápido, tenemos sexo y un arma, usemos las dos y luego durmamos. Un forastero esta al lado derecho son mis recuerdos, abrígame fuerte, esta noche solo te pido maneja rápido, evita las luces rojas y si al amanecer estamos vivos usa el arma, usa el arma.
Laurita detuvo el auto, me agarro por los brazos, gritándome loco, no mas cállate, luego se lanzo llorando a mis brazos, gimiendo amargamente ¿amor por que? ¡Las luces estuvieron en rojo siempre en rojo, tu decidiste cambiarlas a verde!, Laurita llevaba conduciendo toda la noche, nos bajamos del auto, entramos al restaurante, al boulevard, a todo sitio que tuviera luz de colores, que tuviera lámparas fluorescentes, en ellas encontrábamos abrigo, no solo nosotros, muchos de nuestra generación eran presas de las salas de cine, el boulevard, centros comerciales, supermercados, cafés, tabernas. Allí éramos sedados, éramos anestesiados, no sentíamos, las penas se iban, necesitábamos alcohol, drogas, sexo, mucha música, para no escuchar nuestras voces, nuestras voces interiores.
Laurita tenía ojos grandes, ojos profundos, esa noche estuvimos al frente de la ciudad retándola, desafiándola, con nuestro amor y nuestra belleza, la ciudad estaba más hermosa que nunca, colorida con sus soles nocturnos, alguna que otra risa se escuchaba por las calles vecinas, carcajadas de jóvenes ebrios. Laurita miro la ciudad, al frente había un conjunto de apartamentos con sus torres bien esculpidas, sus ventanas relucientes y en ellas el calor del bombillo un comedor, una hermosa mujer, una familia, un hogar sin necesidad, ella me miro y me dijo: esa debería ser nuestra vida, ¿por qué naciste tu propenso al miedo, al dolor? ¿Y yo con este tedio, con este aburrimiento de la vida que me sigue edad en edad?
Laurita me tomo del brazo ¡tengo miedo! - me dijo- me condujo por la calzada del boulevard, buscando la entrada numero 3, al entrar nos encontramos con Shopping babes un almacén legendario de nuestra ciudad, señale un cochecito verde con arandelas color arena, Laurita rompió en llanto, se arrojo a mi pecho, yo con mi mano seque sus lagrimas y bese su rostro, me incline acaricie su barriguita y le dije -no tiene nombre-, ella me miro, y arranco a llorar con una risa enternecida.
Toda la noche paseamos por el boulevard, entrando en uno y otro almacén, probándonos ropa, tomados de la mano nos venció el sueño, pasamos la noche en una salita dispuesta a la venta, en el centro del boulevard. Laurita me abrazo fuertemente y me dijo -siempre estarás conmigo, no creceremos, nunca envejeceremos-yo sonreía- este es nuestro reino, muchos también sonreirán en esta prisión, seremos felices mi pequeño ángel.
Al amanecer Laurita condujo por toda la ciudad, en el día recorríamos cada calle esperando la tarde, yo solía beber a las 5 pm esperando que el cielo se tornara rojo, rojo como mí llanto, mi llanto que contemplaba la melancolía de la noche. Fue esa noche en que Laurita me llevo a un casino, jugamos todo lo que teníamos, Laurita quería mas, le asustaba no tener una ficha roja en sus manos, o un trébol, o un rey de diamantes por que en ellos solía ver el futuro y solo en el casino los arcanos prodigaban bienestar.
Laurita en un acceso de ansiedad aposto nuestro auto, hecho los dados a rodar por la ruleta, 23 repetía Laurita aceleradamente, 23, el ayudante de la mesa grito 25. Esa noche perdimos nuestro auto, yo tome a Laurita del brazo, la jale por todo el pasillo llevándola al baño a grito entero, ella se arrastraba, la tome de sus brazos y le dije - que te pasa, ahora que aremos, el auto era todo lo que teníamos, no mas Laura, salgamos de aquí- salimos corriendo del casino, bajamos las escaleras, llegamos al estacionamiento y encontramos nuestro auto, ¡las llaves! - le dije- ¡las llaves! Ella me miro sollozando - ¡las entregue era la regla para apostar! Me dijo con su rostro envuelto en llanto.
Entonces di media vuelta y marche hacia la salida, cruce la calle rápidamente y sobre la acera me senté, hundiéndome en el asfalto, como si quisiera hacerme de piedra, como si quisiera desaparecer por completo junto a la avenida. - ¿Donde dormiremos?- me grito Laurita- ¿que aremos en las mañanas?, el tedio, el hastió nos sobrevendrá, ¿y mi vientre? ¿y tu hijo donde crecerá?-. Yo la mire, penetre con mis ojos su corazón, me hice pupila, me hice ojo y por sus lágrimas pude ver su alma inocente, pero condenada a sus emociones. Me acerque a ella, la abrase, y la ame tanto, tanto que las nubes se esfumaron y un cielo negro y estrellado dio paso en la inmensidad. compraremos un nuevo auto - le dije- buscare un trabajo.
Pasaron dos días y fui empleado en el boulevard, en un pequeño supermercado muy novedoso, donde desempeñaba el oficio de cajero, yo soñaba con mi nuevo auto, Laurita a mi lado y una pequeña cuna en el asiento trasero. El niño lloraría, Laurita aplacaría los gemidos del pequeñuelo con su risa materna, con su rostro blanco como la leche, con sus labios rosados como las fresas
Laurita dormía todas las noches en la salita del supermercado, el gerente era amigo suyo, y también era un niño adulto expulsado del paraíso, de la vejez, condenado añorar un estado perdido de la vida, un estado que nunca regresa y que para algunos es un cáncer que va carcomiendo el futuro y destronando el presente. Siempre el le llevaba rosas y se las dejaba en la mesita, le tendía la cama, mientras yo atendía a la gente en mi caja registradora, a veces observaba como conversaba con el amenamente, el tomaba su rostro como buen amigo. Yo siempre le exprese gratitud por dejarme, por dejarme ganar algún dinero para comprar nuestro futuro, el mío y el de mi hijo.
Aquella noche no pude salir, tuve que trabajar hasta muy entrada la noche, Laurita pasaba muy poco tiempo conmigo, en las mañanas yo me bañaba antes de que el sol apareciera y me iba a trabajar, pero al caer el sol dormíamos juntos, abrazados con una brisa fresca, hermosa y placentera, yo siempre la observaba reír mientras dormía, quizás soñaba, nuestro hijo en sus brazos y yo abrazándolos a ambos, conduciríamos hasta encontrar una ciudad con muchas estrellas en el cielo, un aire tibio, lo veríamos crecer a nuestro lado, ella le daría de mamar, yo lo consentiría en la tarde lo sacaría por las avenidas en su cochecito azul, el lloraría, yo lo cargaría en mis brazos, quizás soñaba, quizás soñaba.
Laurita había engordado después de unas semanas, pero era hermosa, su rostro blanco almidonado, bajo un cuerpo fecundo en flor, dejando escapar de si todo lo bello, todo lo bueno. La mañana del 2 de julio, yo me levante apresuradamente, Hoy Laurita- le dije - hoy compraremos nuestro auto, hoy el boulevard oficiara un préstamo, y con lo ahorrado escaparemos de esta ciudad, no de nuestro destino, no pertenecemos a la masa de humanos que pasan por el mundo como estrellas fijas, estrellas que han agotado su combustible, colisionando y muriendo para ser solo polvo en gravitación, somos estrellas fugases solo somos un rastro de nebulosa.
Espérame Laurita, espérame, esta noche te recogeré y viajaremos juntos, seremos felices. Ella sonrió y dejo escapar una lágrima de sus ojos negros, acaricio mi rostro, tomo mis manos y las beso, entonces yo con un estero le escribí en la palma de su mano:
"yo te recibiré en esta noche en el boulevard en una noche lluviosa ¿tendremos techo? Quizás. O preferiremos las viejas lagunas, el croac de los sapos y el sol de otoño quemando tu pecho, aun recuerdo tus besos, yo estoy lejos, ven hacia mi, sígueme por un tiempo tan largo y tan corto, tan ciego y tan mudo, un tiempo de fuego, de pasión, un tiempo para los dos amor"
Laurita miro su mano sonrió, con su rostro dulce beso mis labios, su mirada triste dejo escapar una lagrima y me dijo ¡adiós amor!.
Esa tarde visite varios concesionarios, mi dinero era escaso por eso conseguí un auto en el trafico negro en una módica suma, un auto antiguo, un modelo clásico, esos autos fabricados para errantes, gitanos y niños perdidos, niños que nunca regresan a casa, niños que duermen en distintos estados, recorriendo el mundo en un trono de cuero, en un manubrio de oro.
Mi coche era blanco, yo imagine a Laurita a mi lado, las ventanas abiertas, blues o jazz o una sonata melancólica, el aire caliente, el sol abrazando la arena y nuestro auto a velocidad en medio del desierto. Buscaríamos un hogar, una casa antigua, un remolque o quizá un rincón en el mundo para mi y para ella.
Me lleve el auto, conduje por la avenida principal, baje por la 100, tome la 7 y gire a la 116, conduje a toda velocidad, con cuidado de no llamar la atención de la policía. anochecía, arribe al boulevard, ascendí por las escaleras hasta llegar al supermercado, otra vez la música me envolvía, un violín gemía en las cabinas de sonido, varia gente caminaba por los pasillos, unos contemplaban un almacén de joyería, otros un almacén de zapatos de cuero y de perfumes, yo me dirigí por el almacén de antigüedades y disfraces llegando al supermercado, al entrar di un vistazo al guarda de seguridad, cruce las cajas registradoras, salude a maría una cajera amiga y a Camilo un empacador joven con mirada triste y perdida, Laurens grite, Laurens. El gerente amigo de Laurita me miro perplejo -¿donde esta Laura?, ya compre el carro, quiero que lo vea, ¿Dónde esta Laura? Le dije.
Laurens titubeo y con los ojos aguados dijo: Laura te dejo esta nota, estaba un poco ofuscada y triste, dijo que tenía que hacer algo por los dos, que no podía dejar que tu arruinaras la vida, que no quería verte trabajar de esa manera, que te amaba mucho, que ella había hablado con tus papas para que pudieras volver a la casa, que en verdad te ama, que quiere que se casen lo más pronto posible...
Abrí la nota un poco confundido, decía: estoy en la 34 lo siento amor! Yo di media vuelta y corriendo abandone el boulevard, bajando por las escaleras eléctricas atropelle a tres personas, no me importo, el guarda de seguridad trato de detenerme, Salí al estacionamiento tome mi auto y rompiendo las cadenas de la entrada conduje por toda la avenida, conduje a 120 , 150, la avenida estaba deshabitada, tarde 15 minutos en llegar a la 59, me adelante por la 17 bajando y llegue en pocos minutos a la 34.
Mire a la esquina y vi un consultorio médico donde se ofrecían exámenes de todo tipo y consultas a bajo precio, me acerque a la puerta y golpee con fuerza, con fuerza, una enfermera se asomo por el balcón, - no estamos atendiendo vuelva mañana-grito. Yo volví a golpear más fuerte, ella se asomo de nuevo, ¿qué quiere imbécil? tenemos complicaciones, yo tome la puerta a patadas, la mujer bajo y abrió la puerta, yo arremetí contra ella, doblegue el portón, tire a la mujer contra las escaleras, subí, un enfermero trato de someterme, habían 6 personas sentadas en una sala de espera, yo lo tome por el cuello y le propine un golpe en el estomago y grite donde esta Laura, Laurita; una doctora salió con prisa y me amenazo con un bisturí, Laura volví a gritar, la doctora me dijo aquí no hay ninguna Laura váyase, a la par escuche en el consultorio del fondo un grito ahogado ¡amor, amor ayúdame!. Mire a la doctora le dije quítese si no quiere que la haga añicos, ella asustada se aparto de mi camino.
Yo encontré a Laurita desnuda tirada en una camilla, con sus piernas abiertas, envuelta en una sabana manchada de sangre, con varios utensilios quirúrgicos cerca a sus pies. Me acerque a ella: que has hecho amor?, que has hecho? Le dije a Laurita, Solo quería que no sufrieras tanto-respondió- yo amaba a nuestro hijo pero no quería que sufrieras solo tenía miedo, miedo.
Laurita lloraba con su mirada extraviada, su rostro pálido y un torrente de sangre brotando de sus piernas, ¡amor ¡ me dijo, me tomo el rostro, ¡amor te amo!, te esperare en la muerte con nuestro ángel, nuestro hijo, adiós.
Laurita expiro, yo bese sus labios, escuche sirenas, alguien había avisado a la policía, de pronto seria Laurens, yo me volví al cuerpo de Laurita bese su frente: ¡amor! muy pronto estaré contigo le dije.
Las sirenas se acercaban, la doctora y tres jóvenes intentaban sacar todo lo que podían, yo me abalance sobre la mujer y le propine un golpe directo al rostro cayendo sobre el piso inconsciente, Laurita te tengo que dejar, perdóname, Laurita, me podrían enviar a la cárcel, me investigaran y yo quiero acompañarte hoy mismo espérame Laurita.
Baje las escaleras, tome mi auto, las sirenas se acercaban cada vez más, saque cuatro botellas de aguardiente, subí por la 7, tome la circunvalar, me detuve, bebí el licor con desespero, con ansia, tan rápido que en un momento quede en shock. Me levante, pise el acelerador, pude girar dos curvas, después vi un gran abismo................
FRAGMENTO PERIODICO EL GENERAL.
Hoy a las 9:30 pm fue desmantelada una clínica de abortos en la 34, donde fue encontrada la joven sin vida Laurita Gómez, 3 hombres y dos mujeres fueron capturados en el siniestro, la jovencita era una niña de una familia adinerada de la ciudad, su novio Juan Andrés Gutiérrez fue encontrado muerto cerca a los cerros de la circunvalar, se presume un suicidio, fue encontrado con una alta dosis de alicoramiento, un cochecito verde en su baúl, una silla para bebes, y una foto en su mano de Laurita Gómez, las exequias se darán en la capilla del sol en la 134......
FIN
JUAN ANDRES GUTIERREZ






