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Terra
La Coctelera

1 Marzo 2012

imagen by Daniela Duque

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LA 34

por juan andres gutierrez

Que importa si morimos conduce mas rápido acelera, no mires adelante, bésame, que la noche es fría, que la noche muere, que hay veneno en nuestras venas, mezcla de lagrima y aguardiente -le dije a Laurita- tratando de aferrarme a ella, tratando de que el auto perdiera el control, ella lloraba y me observaba.

me escapo de tus manos esta noche solo te pido maneja rápido, tenemos sexo y un arma, usemos las dos y luego durmamos. Un forastero esta al lado derecho son mis recuerdos, abrígame fuerte, esta noche solo te pido maneja rápido, evita las luces rojas y si al amanecer estamos vivos usa el arma, usa el arma.

Laurita detuvo el auto, me agarro por los brazos, gritándome loco, no mas cállate, luego se lanzo llorando a mis brazos, gimiendo amargamente ¿amor por que? ¡Las luces estuvieron en rojo siempre en rojo, tu decidiste cambiarlas a verde!, Laurita llevaba conduciendo toda la noche, nos bajamos del auto, entramos al restaurante, al boulevard, a todo sitio que tuviera luz de colores, que tuviera lámparas fluorescentes, en ellas encontrábamos abrigo, no solo nosotros, muchos de nuestra generación eran presas de las salas de cine, el boulevard, centros comerciales, supermercados, cafés, tabernas. Allí éramos sedados, éramos anestesiados, no sentíamos, las penas se iban, necesitábamos alcohol, drogas, sexo, mucha música, para no escuchar nuestras voces, nuestras voces interiores.

Laurita tenía ojos grandes, ojos profundos, esa noche estuvimos al frente de la ciudad retándola, desafiándola, con nuestro amor y nuestra belleza, la ciudad estaba más hermosa que nunca, colorida con sus soles nocturnos, alguna que otra risa se escuchaba por las calles vecinas, carcajadas de jóvenes ebrios. Laurita miro la ciudad, al frente había un conjunto de apartamentos con sus torres bien esculpidas, sus ventanas relucientes y en ellas el calor del bombillo un comedor, una hermosa mujer, una familia, un hogar sin necesidad, ella me miro y me dijo: esa debería ser nuestra vida, ¿por qué naciste tu propenso al miedo, al dolor? ¿Y yo con este tedio, con este aburrimiento de la vida que me sigue edad en edad?
Laurita me tomo del brazo ¡tengo miedo! - me dijo- me condujo por la calzada del boulevard, buscando la entrada numero 3, al entrar nos encontramos con Shopping babes un almacén legendario de nuestra ciudad, señale un cochecito verde con arandelas color arena, Laurita rompió en llanto, se arrojo a mi pecho, yo con mi mano seque sus lagrimas y bese su rostro, me incline acaricie su barriguita y le dije -no tiene nombre-, ella me miro, y arranco a llorar con una risa enternecida.

Toda la noche paseamos por el boulevard, entrando en uno y otro almacén, probándonos ropa, tomados de la mano nos venció el sueño, pasamos la noche en una salita dispuesta a la venta, en el centro del boulevard. Laurita me abrazo fuertemente y me dijo -siempre estarás conmigo, no creceremos, nunca envejeceremos-yo sonreía- este es nuestro reino, muchos también sonreirán en esta prisión, seremos felices mi pequeño ángel.

Al amanecer Laurita condujo por toda la ciudad, en el día recorríamos cada calle esperando la tarde, yo solía beber a las 5 pm esperando que el cielo se tornara rojo, rojo como mí llanto, mi llanto que contemplaba la melancolía de la noche. Fue esa noche en que Laurita me llevo a un casino, jugamos todo lo que teníamos, Laurita quería mas, le asustaba no tener una ficha roja en sus manos, o un trébol, o un rey de diamantes por que en ellos solía ver el futuro y solo en el casino los arcanos prodigaban bienestar.

Laurita en un acceso de ansiedad aposto nuestro auto, hecho los dados a rodar por la ruleta, 23 repetía Laurita aceleradamente, 23, el ayudante de la mesa grito 25. Esa noche perdimos nuestro auto, yo tome a Laurita del brazo, la jale por todo el pasillo llevándola al baño a grito entero, ella se arrastraba, la tome de sus brazos y le dije - que te pasa, ahora que aremos, el auto era todo lo que teníamos, no mas Laura, salgamos de aquí- salimos corriendo del casino, bajamos las escaleras, llegamos al estacionamiento y encontramos nuestro auto, ¡las llaves! - le dije- ¡las llaves! Ella me miro sollozando - ¡las entregue era la regla para apostar! Me dijo con su rostro envuelto en llanto.

Entonces  di media vuelta y marche hacia la salida, cruce la calle rápidamente y sobre la acera me senté, hundiéndome en el asfalto, como si quisiera hacerme de piedra, como si quisiera desaparecer por completo junto a la avenida. - ¿Donde dormiremos?- me grito Laurita- ¿que aremos en las mañanas?, el tedio, el hastió nos sobrevendrá, ¿y mi vientre? ¿y tu hijo donde crecerá?-. Yo la mire, penetre con mis ojos su corazón, me hice pupila, me hice ojo y por sus lágrimas pude ver su alma inocente, pero condenada a sus emociones. Me acerque a ella, la abrase, y la ame tanto, tanto que las nubes se esfumaron y un cielo negro y estrellado dio paso en la inmensidad. compraremos un nuevo auto - le dije- buscare un trabajo.

Pasaron dos días y fui empleado en el boulevard, en un pequeño supermercado muy novedoso, donde desempeñaba el oficio de cajero, yo soñaba con mi nuevo auto, Laurita a mi lado y una pequeña cuna en el asiento trasero. El niño lloraría, Laurita aplacaría los gemidos del pequeñuelo con su risa materna, con su rostro blanco como la leche, con sus labios rosados como las fresas

Laurita dormía todas las noches en la salita del supermercado, el gerente era amigo suyo, y también era un niño adulto expulsado del paraíso, de la vejez, condenado añorar un estado perdido de la vida, un estado que nunca regresa y que para algunos es un cáncer que va carcomiendo el futuro y destronando el presente. Siempre el le llevaba rosas y se las dejaba en la mesita, le tendía la cama, mientras yo atendía a la gente en mi caja registradora, a veces observaba como conversaba con el amenamente, el tomaba su rostro como buen amigo. Yo siempre le exprese gratitud por dejarme, por dejarme ganar algún dinero para comprar nuestro futuro, el mío y el de mi hijo.

Aquella noche no pude salir, tuve que trabajar hasta muy entrada la noche, Laurita pasaba muy poco tiempo conmigo, en las mañanas yo me bañaba antes de que el sol apareciera y me iba a trabajar, pero al caer el sol dormíamos juntos, abrazados con una brisa fresca, hermosa y placentera, yo siempre la observaba reír mientras dormía, quizás soñaba, nuestro hijo en sus brazos y yo abrazándolos a ambos, conduciríamos hasta encontrar una ciudad con muchas estrellas en el cielo, un aire tibio, lo veríamos crecer a nuestro lado, ella le daría de mamar, yo lo consentiría en la tarde lo sacaría por las avenidas en su cochecito azul, el lloraría, yo lo cargaría en mis brazos, quizás soñaba, quizás soñaba.

Laurita había engordado después de unas semanas, pero era hermosa, su rostro blanco almidonado, bajo un cuerpo fecundo en flor, dejando escapar de si todo lo bello, todo lo bueno. La mañana del 2 de julio, yo me levante apresuradamente, Hoy Laurita- le dije - hoy compraremos nuestro auto, hoy el boulevard oficiara un préstamo, y con lo ahorrado escaparemos de esta ciudad, no de nuestro destino, no pertenecemos a la masa de humanos que pasan por el mundo como estrellas fijas, estrellas que han agotado su combustible, colisionando y muriendo para ser solo polvo en gravitación, somos estrellas fugases solo somos un rastro de nebulosa.
Espérame Laurita, espérame, esta noche te recogeré y viajaremos juntos, seremos felices. Ella sonrió y dejo escapar una lágrima de sus ojos negros, acaricio mi rostro, tomo mis manos y las beso, entonces yo con un estero le escribí en la palma de su mano:
"yo te recibiré en esta noche en el boulevard en una noche lluviosa ¿tendremos techo? Quizás. O preferiremos las viejas lagunas, el croac de los sapos y el sol de otoño quemando tu pecho, aun recuerdo tus besos, yo estoy lejos, ven hacia mi, sígueme por un tiempo tan largo y tan corto, tan ciego y tan mudo, un tiempo de fuego, de pasión, un tiempo para los dos amor"

Laurita miro su mano sonrió, con su rostro dulce beso mis labios, su mirada triste dejo escapar una lagrima y me dijo ¡adiós amor!.
Esa tarde visite varios concesionarios, mi dinero era escaso por eso conseguí un auto en el trafico negro en una módica suma, un auto antiguo, un modelo clásico, esos autos fabricados para errantes, gitanos y niños perdidos, niños que nunca regresan a casa, niños que duermen en distintos estados, recorriendo el mundo en un trono de cuero, en un manubrio de oro.

Mi coche era blanco, yo imagine a Laurita a mi lado, las ventanas abiertas, blues o jazz o una sonata melancólica, el aire caliente, el sol abrazando la arena y nuestro auto a velocidad en medio del desierto. Buscaríamos un hogar, una casa antigua, un remolque o quizá un rincón en el mundo para mi y para ella.

Me lleve el auto, conduje por la avenida principal, baje por la 100, tome la 7 y gire a la 116, conduje a toda velocidad, con cuidado de no llamar la atención de la policía. anochecía, arribe al boulevard, ascendí por las escaleras hasta llegar al supermercado, otra vez la música me envolvía, un violín gemía en las cabinas de sonido, varia gente caminaba por los pasillos, unos contemplaban un almacén de joyería, otros un almacén de zapatos de cuero y de perfumes, yo me dirigí por el almacén de antigüedades y disfraces llegando al supermercado, al entrar di un vistazo al guarda de seguridad, cruce las cajas registradoras, salude a maría una cajera amiga y a Camilo un empacador joven con mirada triste y perdida, Laurens grite, Laurens. El gerente amigo de Laurita me miro perplejo -¿donde esta Laura?, ya compre el carro, quiero que lo vea, ¿Dónde esta Laura? Le dije.

Laurens titubeo y con los ojos aguados dijo: Laura te dejo esta nota, estaba un poco ofuscada y triste, dijo que tenía que hacer algo por los dos, que no podía dejar que tu arruinaras la vida, que no quería verte trabajar de esa manera, que te amaba mucho, que ella había hablado con tus papas para que pudieras volver a la casa, que en verdad te ama, que quiere que se casen lo más pronto posible...
Abrí la nota un poco confundido, decía: estoy en la 34 lo siento amor! Yo di media vuelta y corriendo abandone el boulevard, bajando por las escaleras eléctricas atropelle a tres personas, no me importo, el guarda de seguridad trato de detenerme, Salí al estacionamiento tome mi auto y rompiendo las cadenas de la entrada conduje por toda la avenida, conduje a 120 , 150, la avenida estaba deshabitada, tarde 15 minutos en llegar a la 59, me adelante por la 17 bajando y llegue en pocos minutos a la 34.

Mire a la esquina y vi un consultorio médico donde se ofrecían exámenes de todo tipo y consultas a bajo precio, me acerque a la puerta y golpee con fuerza, con fuerza, una enfermera se asomo por el balcón, - no estamos atendiendo vuelva mañana-grito. Yo volví a golpear más fuerte, ella se asomo de nuevo, ¿qué quiere imbécil? tenemos complicaciones, yo tome la puerta a patadas, la mujer bajo y abrió la puerta, yo arremetí contra ella, doblegue el portón, tire a la mujer contra las escaleras, subí, un enfermero trato de someterme, habían 6 personas sentadas en una sala de espera, yo lo tome por el cuello y le propine un golpe en el estomago y grite donde esta Laura, Laurita; una doctora salió con prisa y me amenazo con un bisturí, Laura volví a gritar, la doctora me dijo aquí no hay ninguna Laura váyase, a la par escuche en el consultorio del fondo un grito ahogado ¡amor, amor ayúdame!. Mire a la doctora le dije quítese si no quiere que la haga añicos, ella asustada se aparto de mi camino.
Yo encontré a Laurita desnuda tirada en una camilla, con sus piernas abiertas, envuelta en una sabana manchada de sangre, con varios utensilios quirúrgicos cerca a sus pies. Me acerque a ella: que has hecho amor?, que has hecho? Le dije a Laurita, Solo quería que no sufrieras tanto-respondió- yo amaba a nuestro hijo pero no quería que sufrieras solo tenía miedo, miedo.

Laurita lloraba con su mirada extraviada, su rostro pálido y un torrente de sangre brotando de sus piernas, ¡amor ¡ me dijo, me tomo el rostro, ¡amor te amo!, te esperare en la muerte con nuestro ángel, nuestro hijo, adiós.
Laurita expiro, yo bese sus labios, escuche sirenas, alguien había avisado a la policía, de pronto seria Laurens, yo me volví al cuerpo de Laurita bese su frente: ¡amor! muy pronto estaré contigo le dije.
Las sirenas se acercaban, la doctora y tres jóvenes intentaban sacar todo lo que podían, yo me abalance sobre la mujer y le propine un golpe directo al rostro cayendo sobre el piso inconsciente, Laurita te tengo que dejar, perdóname, Laurita, me podrían enviar a la cárcel, me investigaran y yo quiero acompañarte hoy mismo espérame Laurita.

Baje las escaleras, tome mi auto, las sirenas se acercaban cada vez más, saque cuatro botellas de aguardiente, subí por la 7, tome la circunvalar, me detuve, bebí el licor con desespero, con ansia, tan rápido que en un momento quede en shock. Me levante, pise el acelerador, pude girar dos curvas, después vi un gran abismo................

FRAGMENTO PERIODICO EL GENERAL.

Hoy a las 9:30 pm fue desmantelada una clínica de abortos en la 34, donde fue encontrada la joven sin vida Laurita Gómez, 3 hombres y dos mujeres fueron capturados en el siniestro, la jovencita era una niña de una familia adinerada de la ciudad, su novio Juan Andrés Gutiérrez fue encontrado muerto cerca a los cerros de la circunvalar, se presume un suicidio, fue encontrado con una alta dosis de alicoramiento, un cochecito verde en su baúl, una silla para bebes, y una foto en su mano de Laurita Gómez, las exequias se darán en la capilla del sol en la 134......

FIN

JUAN ANDRES GUTIERREZ

8 Febrero 2012

todos los escritos que encuentras en esta pagina estan protegidos por derechos de autor internacional, cualquier reproduccion, escrita en audio, o cualqueir uso parcial o completo de la obra debe hacerse con permiso previo del autor, cualquier uso indebido sera sancionado con las leyes que protegen las obras originarias en cada pais.

un demonio con mis labios, mis mismos ojos y mi rostro lánguido el cual me grita: ¡que soy fea! ¡Que engordado! Que necesito hacer algo! Si no reventare una mañana cualquiera! ¡Una mañana de estas! – me decía alejita con sus pupilas aguadas mientras corría hacia el baño, tomando su vientre, Haciendo gestos abruptos, para culminar gateando sobre la alfombra, seguidamente enclaustrada y con la puerta aprisionada se golpeaba contra las paredes, mugía con violencia, se agarraba de los cabellos y trasbocaba sobre el baldosín.

entonces arrojada en un rincon respiraba suavemente, ya el demonio que se ocultaba en su peinador, contra  su mesita de noche se callaba, no la acusaba, ni levantaba su dedo para con su misma voz decirle que era una obra imperfecta, que solo si dejaba de comer guardaría silencio y no regresaría, desaparecería para siempre. Alejita corría débil de nuevo a su cuarto, después de azotar sus viseras y esforzar su organismo en un ritual diario, el cual le otorgaba el don de la palidez, de la flaqueza, de la enfermedad, pero ya en el, ya en su recamara observaba el espejo y esperaba en el no encontrar a ese ser pusilánime, odioso y vengativo, a ese demonio que le hablaba con sus mismos ojos, sus mismos labios, y su rostro lánguido. ¡Ah! Pero tal era su descontento al encontrarlo algunas veces sentado, de pie, sonriente o llorando que en su arrebato intentaba lanzarse por la ventana, cortarse las venas o injerir alguna dosis excesiva de medicamento.

Entonces yo le decía a alejita: le hablaba con fuerza: ¡que me escuchara, que el no existía, que no había nadie detrás del espejo, que no había tal arlequín con su risa bufonesca, que si era necesario rompería el espejo, lo rompería para que el huyera; ella en mis brazos reaccionaba implorándome que no lo rompiera, que ella tendría la fuerza para alejarlo con mi amor, con su voluntad, ¡que necesitaba tiempo! Yo solo besaba su frente y dormía, dormía en mis brazos. Al día siguiente aleja despertó algo débil con sus ojos enmarcados bajo un circulo de hollín, con sus labios áridos como arena desértica y con la voz ronca como mar golpeando las peñas- tomo una ducha muy en la mañana, abrigándose con su falda, su camisón blanco, sus medias hasta la rodilla, y sus zapatos negros, que combinaba con su grueso maletin de lana donde guardaba sus libros de física cuántica, sus pequeños textos de aritmética, algún tratado de antigua alquimia y un pequeño cuadernillo de poesía

En el cual solía extraviarse como un ave, pues aleja siempre decía que su alma era de aire, su espíritu pluma y su fin el gran azul, la inmensidad. Ya entrada en clase, reclinada sobre el ventanal, observaba no al maestro, si no los retoños de las rosas, los arboles que solían perderse en un infranqueable sendero de automóviles, se daba cuenta al palpar el vidrio de su languidez, de su rostro demacrado, antes reluciente con vetas rosas, de su nariz afilada hoy solo trazada por un hueso que dejaba notar sus altibajos en la humana forma- entonces Paula arrancaba en risotadas, la tirana le decía alejita, pues tenia ojo angélico para percibir el defecto en sus compañeritas, arrancaba en risotadas y acercándose sigilosamente a su oído le decía: ¡aleja la urraca! ¡Aleja el esperpento! ¡Aleja la fea! ¡Sos amorfa aleja!. Compungida,  sin mirarla con las manos en sus labios solo acertaba a zambullir su frente en el tablón del pupitre, donde arrancaba a llorar desconsolada, enrojecida con las mejillas cuajadas. Entonces alejita arrojaba sus libros, emprendiendo su huida hacia el patio donde cerca de un arbusto se echaba de bruces a llorar, a llorar la mala suerte, a llorar el odio, la venganza, a convertir piadosa la furia en lagrimas, como una virgen, en fin era un colegio católico y los mártires como las novicias conocen bien de la culpa, el azote, y la indulgencia.

Al regresar a su apartamento alejita busco a su madre, doña Adela viajaba para distraer sus penas después de la muerte de su esposo, había prometido que llegaría pronto, en el momento justo en que su espíritu se sumergiera en un mejor estado, pero no fue así, la niña solitaria no encontró a madre ni padre, solo un espejo con un demonio que le gritaba: ¡obesa! ¡Adelgaza!¡yerta! ¡Lánguida! ¡Urraca!- con sus mismos labios sus mismos ojos y su mismo rostro. Entonces me llamaba, me decía que fuera, que estaba muy mal, que en un minuto mas e iba a saltar, se iba a esfumar con las aves- yo no le contestaba- hace tiempo solía perder el control y figurarme en un estado catatónico- me gritaba de nuevo que se había vaciado un tarro de pepas.

Que se iba a matar, que me dejaba algo escrito con vale, pero que pensó que yo entendería por eso de escribir poesía, de ser sensible, que solo era un maldito bipolar que sabia a lo mas de borrachera y drogas, Yo no le respondía- solo le otorgaba mi silencio, pues ella no entendía que del otro lado del teléfono también se sufría, mi corazón se encogía, se empañaba con fríos trazos para después liberarse con fuerza y bombear toda su sangre por cada cavidad de una manera abrupta y desconcertante, entonces enrojecía, sudaba y lleno de pánico gritaba, gritaba con culpa, acusado, no esperando que entendiera, solo le ofrecía unos labios ausentes. callaba, solo callaba pues era la muestra de mi alma destrozada. Y alejita llorando, llorando me decía: maldito, ¡maldito insensible!—y yo, y yo solo tenia miedo. Al anochecer me dirigí donde aleja, golpee la puerta con mi puño, una, dos, Tres veces pero no respondió, todo descansaba en un inquietante reposo, hasta la puerta como una muralla infranqueable entre sus ojos y los míos, nuevamente azote el portón con desespero, nuevamente con mi puño, hasta que se abrió suavemente, era vale con sus ojos aguados y las mejillas repletas de arroyos de lagrimas que se abrían paso entre una piel almidonada, alejita estaba en el sofá, en el fondo, con su cuerpo recogido, sus brazos abrazaban sus piernas, y sus rodillas sostenían su rostro donde débilmente sollozaba y repetía.

¡El demonio me va a llevar y yo tan bonita y tan débil! ¡ y moriré sola como mueren las gordas! ¡Sola!. Tome su rostro levantándolo y dejando relucir la belleza de mi alejita. ¡Te acuerdas! Me dijo- del viaje, del buque, de cuando seremos felices si la vida no nos condena?. Yo se que has llorado, como no saberlo?, pero estamos malditos, somos una generación perdida, una generación sin rumbo… ¡ah malditos espejos! Solo si alguien nos hubiera ayudado. Solo si alguien se apiadara de nuestra tragedia. Me beso entonces con fiereza, con pasión, como si su boca emprendiera una despedía, tan melancólica que nuestra saliva solía convertirse en lagrimas, en lagrimas, y yo solo temblaba. ¡No quiero mas! Estoy triste, tengo miedo, mis manos tiemblan, me quiero morir, ya no aguanto, mis nervios están destrozados, quiero morir, ya no quiero mas droga, no más cuartos acolchados. Entonces alejita tomo una pastilla la cual la imprimió en su dedo para después llevarla a su lengua donde manteniéndola en su boca, en un momento con un gesto compasivo me beso. Haciéndome pasar la Pepa sutilmente y diciendo ¡tu cura! Sonrío y nos hundimos en un adormecimiento como la muerte en un ensueño sin pesadillas, sin sobresaltos, sin gritos ni sudores, solo arrullados por la mano materna de la brisa y el abrigo de la musicalidad de las luces. Vale ya había marchado pero antes sobre el mesón había preparado la merienda, un par de frutas cortadas y un vaso de jugo, unos panes tostados con mantequilla y un dulce de leche. Por primera ves vi a alejita feliz, por primera vez en una semana la vi comer con ligereza, con un semblante manso y amoroso A la par que me miraba con sus pupilas que solo me infestaban de paz.

Ella me tomo de la mano y me condujo hacia su alcoba donde yo recostado en su vientre le dije ¡aleja juiciosa! Y ella siguió comiendo mientras la luz se convertía en sonido ¡aleja juiciosa! Pero la dicha fue corta, corto fue el momento, por que unos minutos después de nuevo en el baño trasbocaba, devolvía la comida. entumecida y débil, gritando nuevamente, por que nuevamente en su cuarto el espejo le decía: ¡Gorda! ¡Amorfa! ¡SOS fea! ¡hay que adelgazar! Pasado unos segundos arribó al umbral del cuarto y temblando me dijo ¡ya el efecto se acaba! ¡Ya regresamos! ¡No hay mas pepas!. Se puso a llorar, mientras me decía-¡también tiemblas! ¿tenes miedo? Alucinas? ¡Pobre mi amor! Entonces nos fundimos en un abrazo sediento. Bajo nuestros cuerpos sudorosos yo la abrigaba del demonio que gritaba con su misma voz, y ella de mis recuerdos, de mis terrores, de mi pánico, como si construyéramos un mundo perfecto, un escudo, como si por medio de ese abrazo la dosis se condensara y nos diera un poco más de ensueño. Tome el cuerpo de aleja, su cuerpo delgado, su rostro que tanto amaba, pues fuera ya de su creencia aleja era hermosa, su rostro, sus ojos, sus labios, mas a falta de comida, su cuerpo, su cuerpo hoy era delgado en extremo. Y entre sus manos me parecía que su cuerpo cada instante adelgazaba más y más, ¡y tuve miedo De perderla, miedo de que se esfumara en mis brazos, que se hiciera aire y al aire siguiera, entonces la abrase de nuevo con mas fuerza, y nos sobrevino el sueño, un sueño profundo como la muerte un sueño extraño y sublime. En el vi a alejita esfumarse, no lo recuerdo bien, la vi hacerse delgada y convertirse en una niebla grisácea hasta desaparecer en mis brazos, yo trate de despertarme pero solo temblaba. seguidamente observe el espejo y vi al demonio, era aleja, mi alejita en toda su hermosura.

Solo recuerdo que con su mano levantada me dijo adiós y yo dormí en un sueño profundo, un sueño como la muerte, solo un sueño, aleja había adelgazado y se había esfumado. Desperté…. Al día siguiente todo era blanco, las paredes acolchadas. Trate de levantarme y estaba atado, entonces grite, grite con fuerza, dije al enfermero, le pregunte por alejita, el no respondió, solo atino a inyectar un sedante en mi brazo, un sedante. Envuelto en lagrimas le dije “¿por favor donde esta mi alejita?, tenga piedad de mi!” el sonrió y me dijo: “¡su ALEJITA hace parte de su paranoia, un episodio alucinatorio de su trastorno, no se esfumo, no existió, ya en unos días la olvidara!” Hoy solo pienso, hoy solo digo que, ahora no se quien la protegerá, en verdad no lo se del demonio, que le grita con su misma voz ¡aleja la gorda! ¡Aleja la urraca! ¡sos fea alejita!