La relación entre el arte y la locura ha sido presentida desde antiguo pero es en el siglo pasado cuando se pareció tener su confirmación científica, con la publicación de la obra "Genio y Locura" del médico y antropólogo italiano Cesare Lombroso. En resumen, el autor venía a concluir que la mayoría de los grandes hombres padecieron trastornos neurológicos o psiquiátricos. Especialmente creyó encontrar una relación entre genio y epilepsia, como si esta enfermedad fuese el tributo a pagar por los grandes artistas.

Sin tratar de caer en absurdas generalizaciones, los hechos parecen avalar que la locura es una constante en la vida de muchos artistas. Tal y como afirma Juan Pundik, director de la escuela española de Psicoterapia y Psicoanálisis: "A pesar de que hay artistas que están dentro de lo cabal, el porcentaje de los que han estado dentro de la dimensión de la locura es muy importante".

Abundando en esta opinión, los resultados de un estudio norteamericano mostraron que la incidencia de las enfermedades mentales en pintores, poetas y músicos es entre dos y tres veces más alta que en la población en general y el porcentaje de intentos de suicidio, alcoholismo y abuso de drogas es todavía mayor. Entre los poetas, los más afectados, la frecuencia de suicidios es 18 veces más elevada.

Igualmente, otro estudio inglés que examinó la vida de 47 artistas, concluye que casi la mitad estuvo bajo tratamientos psiquiátricos de distintos tipos. Es el caso de la escultora Camille Claudel, muerta en un manicomio, del compositor Robert Shumann, que alternaba periodos de gran fecundidad musical con crisis que culminaban con intentos de suicidio, o del poeta americano Ezra Pound, que pasó 12 años en un manicomio para criminales. No son los únicos, estuvieron internados, Nietzsche, Baudelaire, Conrad, Lowry, Munch, el cineasta Antonin Artaud, Maupassant, y el propio Hemingway.

Hasta el momento, todos los ejemplos mencionados hacen referencia a artistas consagrados, pero también existe otro tipo de artistas desconocidos para el público, cuyas obras están íntimamente relacionadas con la demencia. Se trata de obras que surgen como producto de una terapia o para ayudar a exponer los problemas profundos que aquejan a su autor.

En el siglo XX se ha reconocido como verdadero arte la expresión de la locura, la obra de los dementes, pero el valor de sus obras no es solo una rareza de museo, ya que las instituciones psiquiátricas las valoran y utilizan. Los trabajos de creados por enfermos mentales siempre sorprenden, porque estos perciben cosas que los demás no ven, porque su realidad es distinta.

Dentro de las múltiples utilidades que se les puedan dar a estas obras dentro de el mundo de la psiquiatría, encontramos, por ejemplo las denominadas técnicas proyectivas, que utilizan el dibujo para descubrir los conflictos personales de los pacientes, o las terapias expresivas, que buscan la posibilidad de establecer una comunicación no verbal con el paciente, utilizando para ello medios como pueden ser la pintura, la escultura, el dibujo, la danza, etc...

En resumen, aunque el objetivo es ayudar a los pacientes, no cabe duda de que las asombrosas imágenes que llegan a crear algunos dementes tienen mucho de arte, de ahí que no se puede afirmar que, la locura, en cuanto a reducción o deterioro de la capacidad mental sea incompatible con el arte. Tal vez la mitificación del "loco" como persona totalmente libre que utiliza su enfermedad como herramienta de creación no tenga tanto de mito, y si más de realidad.

Según diversos estudios realizados tanto desde el punto de vista artístico como desde el psiquiátrico, la expresión artística de los dementes es decisivamente influida por el tipo de patología padecida. Por ello, aunque sea someramente es importante conocer algunas de las características más significativas de estas patologías.

Las enfermedades mentales se dividen fundamentalmente en dos modelos de personalidad, presentes también, aunque en mucha menor medida, en individuos sanos: el ciclotímico, caracterizado por la tendencia a la emotividad, y por un sentido del humor cambiante, altamente influido por el ambiente, y el esquizoide, típico en individuos que tienden a racionalizar, a centrarse en algo concreto, a aislarse de los estímulos externos para concentrarse en sus propias percepciones interiores.

Psicosis: Se caracteriza, principalmente por trastornos psicológicos que afectan, sobre todo, a la personalidad y a la conducta del individuo. Existen las "Psicosis exógenas" que responderían a causas externas bien definidas, es decir, generadas por hechos, o en momentos concretos de la vida, y las "Psicosis endógenas", subdivididas, a su vez, en "Psicosis afectivas" (manía, melancolía, psicosis maniaco- depresivas, etc...) "Psicosis delirantes" ( esquizofrenia, paranoia, parafenia,...).Psicosis maniaco depresivas: En su proceso se alternan periodos de profunda depresión, que se caracteriza por la tristeza, dolor "moral", inhibición del pensamiento, sentimiento de culpa, que puede llegar a adquirir carácter delirante. las ideas de muerte son habituales y la posibilidad de que muchas veces arrastren al suicidio es la parte más peligrosa de este estado. Las fases maníacas, por el contrario destacan por la expansión afectiva, con alegría incontenible y, a veces, fuerte irritabilidad, aceleramiento del pensamiento, desinhibición psicomotriz, comportamiento desordenado, y exaltación de todos los sentimientos vitales.

Esquizofrenia: Su principal característica es la perdida de contacto con la realidad que sufre el paciente, y su tendencia a encerrarse en un mundo interior. Son comunes a casi todas las formas de esta enfermedad, los sentimientos de amenaza, catástrofe, y extrañeza, vivencias de despersonalización, ideas delirantes y trastornos de la afectividad, además de las alucinaciones, casi siempre auditivas que se presentan al paciente como voces. El delirio representa el momento álgido de la enfermedad.

Depresión: Se trata de una tendencia patológica a la tristeza, pero con tres agravantes importantes. En primer lugar, una bajada en el ritmo mental, en los procesos de ideación, conciencia, memoria,..., es decir, lentitud de reflejos y perdida de atención.

En segundo lugar, la inhibición motora que provoca una reducción de la actividad, a veces acompañada por el insomnio. El depresivo que es plenamente consciente de estas inhibiciones, tiende a asumirlas con sentimiento de dolor.

Por último, el dolor "moral", que suele presentarse en forma de autodepreciación y sentimiento de culpa.

La depresión puede tener varios orígenes, pero existen dos grupos principales: las denominadas reaccionales (endógenas) y las psicóticas (exógenas).

El declive del académico Arte Mayor a fines del siglo XIX y el ascenso del postimpresionismo posibilitaron, por primera vez, una comparación entre arte infantil y arte adulto. Ya no se consideraba que el arte infantil, el arte primitivo, el arte tribal y el arte del Asia Occidental fuesen algo tosco sino que, por el contrario, fueron vistos como formas artísticas llenas de sensibilidad y expresividad.

Sin duda, la aceptación de otras formas de arte llevó a considerar como digna de atención la obra de arte producida por el "loco". Ya en 1812, el Dr. Benjamín Rush empezó a coleccionar obras realizadas por enfermos porque creía que "la enfermedad que pude desarrollar estos maravillosos talentos y funciones en la mente, es comparable a un terremoto que agita las capas de la Tierra, expulsando a la superficie espléndido fósiles".

En 1872, en su obra "Estudios médico-legales sobre la locura", el Dr. Tardieu hace referencia al arte de los locos y lo mismo hicieron, en 1876 y en 1890, el Dr. Simon en su obra "La imaginación en la locura" y el Dr. Lombroso en "Genio y Locura". El mismo Jung, que era artista él mismo, ejerció una gran influencia sobre Herbert Read, educador y filósofo del arte, y, a través de Read, sobre el movimiento de educación artística denominado "art brut". Hay datos que demuestran que Jung había comenzado a utilizar el trabajo artístico de sus pacientes con un propósito terapéutico antes de 1920 en su clínica de Zurich.

Jung, al igual que Freud y muchos otros consideraron que el sueño era expresión de la mente inconsciente, sin embargo, Jung se basaba en el principio según el cual el sueño indicaba algo profundo y significativo en sí mismo, por eso, en vez de seguir el método de Freud,(utilizar las asociaciones libres para avanzar desde el contenido onírico hacia los complejos que causan la conducta neurótica), Jung insistió en volver de manera constante a la naturaleza específica del sueño. Creía que resultaba mucho más importante utilizar imágenes metafóricas para mostrarse preciso con respecto a la condición del individuo en relación con sus complejos y para ofrecer posibles soluciones.

En otras palabras, a Jung le parecía que un paciente lograría más energía y más ánimos para resolver sus dificultades si captaba la significación específica de su sueño en particular y no si el analista se reducía a proporcionarle interpretaciones generales relativas, por ejemplo, a sus complejos.

Teniendo presente esta actitud ante el sueño, ¿por qué no considerar del mismo modo las pinturas efectuadas por alguien que esté siendo sometido a terapia? Es decir, no sólo como un dato interesante desde el punto de vista del terapeuta, que permite realizar un diagnóstico rápido, sino como algo profundamente individual y conectado con la forma en que éste experimenta un sentimiento en relación con el mundo.

Jung atribuyó una importancia especial a la obra de arte, en la que no encontró datos de tipo psicopatológico o neurótico, sino lo que él llamaba "sí mismo". Según él, éste tenía mucha mayor significación para la psique que el yo al que definía como constitutivo del centro de la conciencia. Si el yo preserva la conciencia haciendo frente a las incursiones del inconsciente, el "sí mismo" soluciona este conflicto situándose a medio camino entre ambos, relacionándose igualmente con los dos y convirtiéndolos, de este modo, en el punto central de la totalidad humana.

Las teorías de Jung dieron un empuje definitivo a las terapias artísticas que, a partir de entonces, empezaron a utilizarse continuamente en instituciones psiquiátricas, carcelarias, residencias de ancianos y centros para deficientes. Hans Prinzhorn , por ejemplo, fue invitado por el afamado psiquiatra Dr. Williams, a crear una colección de obras de dementes con el propósito de realizar un estudio para la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Heidelberg. Prinzhorn comenzó su trabajo en 1919 y, en muy poco tiempo, la colección constaba ya de miles de obras de mas de 400 enfermos ingresados en instituciones mentales de Alemania, Suiza, Austria e Italia. Fruto de sus estudios, publicó en 1922 el libro "Bildernei der Geisteskranken" (El talento artístico de los enfermos mentales) que alcanzó gran resonancia, llegando a ser utilizado por Paul Klee en sus clases en la Bauhaus.El objetivo era demostrar que los artistas dementes son artistas en estado natural, sin corromperse por la influencia de la sociedad, sin tabúes educacionales. Para sus planteamientos se basaba en la vitalidad y en las teorías del expresionismo, movimiento que representaba los deseos de ruptura de las convenciones artísticas tradicionales. Prinzhorn compartía con estas personas el rechazo por la visión superficial que reduce el mundo a las apariencias externa.

El término "Art Brut" utilizado para definir lo que también se ha denominado arte psiquiátrico, fue acuñado por el pintor francés Jean Dubuffet, haciendo referencia, a la fuerza de unas personas que escapan a las convenciones sociales y culturales , alejadas de los condicionanres y a los conformismos, como son los mendigos, presos, locos, niños,...

Jean Dubuffet tras estudiar Bellas Artes, en 1918 se instaló en París con la intención de profundizar en su formación artística aunque sólo tardó seis meses en dejar estos estudios porque opinaba que no podían aportarle nada interesante. De esta manera, comienza a dar muestras de la actitud rebelde y del rechazo al arte tradicional que le acercará a artistas como Fernand Léger, André Masson o Juan Gris y a la plástica de los enfermos mentales. Durante varios años abandonará y reanudará alternativamente su carrera artística hasta que, en 1942, decide dedicarse definitivamente a la pintura. En 1945 comenzaría su colección de lo que denominó "Art Brut".

En 1948, Jean Dubuffet junto con Joan Miró, Antonin Artaud, Michel Leiris , Georges Limbour, constituyen la "Compañía del Art Brut". Dicho grupo de artistas se interesaba por la confrontación con la materia y creía en el puro acto creador. Dubuffet opinaba que no hay arte si no hay una borrachera que haga tambalearse a la razón. algo que nos haga delirar y nos suma en la demencia. Decia que el arte es "la orgá más apasionante que el hombre tiene a su alcance".

Para Dubuffet, la razón y la lógica son imperfectas y, por ello, muestra mas confianza en estos seres que la sociedad califica como locos como "excepcionales". Pero no sólo a ellos, ya que, según Dubuffet, cualquier ser humano puede hacer una obra de arte, siempre y cuando su intención no sea crear líneas bellas y armonías de colores, si no expresar, de forma mucho más eficaz que las palabras, los instintos, las pasiones o los sentimientos mas íntimos de un ser humano. De ésta forma, la actividad artística se convierte en una vía de escape al totalitarismo de las convenciones culturales, aunque sólo en la medida en que pueda liberarse de las propias convenciones que han imperado en el ámbito artístico".

Dubuffet reivindica el carácter inmediato, intuitivo y profundamente sincero de la materia. Odió las imposiciones de todo tipo y una preocupación, casi exclusiva por llegar al "punto cero" de la cultura de despojarse de todo el bagaje adquirido consciente e inconscientemente y enfrentarse a la obra con la ingenuidad de un ser primitivo. Este artista veía la locura "no como una enfermedad, sino como una función creativa que libera la imaginación y la invención". En 1959, escribía que la obligación del arte era ir contracorriente, y que la locura era la herramienta para lograrlo, ya que corta todos los vínculos y cancela los recuerdos.

Jean Dubuffet donó su colección privada a la ciudad de Lausana (Suiza) dando origen a un museo dedicado al "Art Brut". Hoy en día, se exponen en el museo cerca de 800 obras entre pinturas y esculturas. La mayoría de ellas son fruto de mendigos y enfermos mentales que acabaron siendo reconocidos por la crítica como artistas. Tal es el caso de Aloïse, Carlo Zinelli o Adolf Wölfli.

Estas obras son testimonio de una fuerza de creación que quizá sea común a todos los hombres, pero que la educación ha asfixiado en la mayoría. En palabras de Michel Thevoz, director del museo: "Estas obras dan una sensación de extrañeza y, al mismo tiempo de familiaridad, porque invitan a un viaje hacia una profunda lejanía de la que sabemos que no podremos salir indemnes".

Actualmente todos los expertos parecen estar de acuerdo en que, salvo en el caso de los psicóticos que sí pueden crear en pleno delirio, la angustia de la locura lo paraliza todo en las crisis agudas de la enfermedad mental. No obstante, el influjo de sus padecimientos tuvo resonancia en la obra de muchos artistas. Tal es el caso del Robert Shumann (1810-1856) que escuchó durante años un sonido agudo, una alucinación auditiva propia de la esquizofrenia.

Nacido en una familia con antecedentes de trastornos psíquicos, Shumann encadena desajustes emocionales hasta que, en 1833, tiene su primera gran explosión de síntomas: desvanecimientos, hemorragias, respiración entrecortada, crisis de angustia, que culminan en una noche de terrores que se "siente volver loco" e intenta, para librarse del sufrimiento interior, tirarse por la ventana. Pasa unos meses aislado, irritable e inactivo. Cede la crisis y reanuda su vida de compositor y crítico musical pero le queda para siempre como secuela la fobia a los cuchillos y a los pisos altos. A partir de ese momento, Shumann, alternará con las oscilaciones características de su estado de ánimo enfermizo, periodos de actividad entusiasta con otros de abandono y desesperanza. Así, hasta1842, cuando la muerte de Mendelssohn, amigo muy querido y admirado de Shumann, le provoca una nueva descompensación con alucinaciones y terrores. Posteriormente, al acercarse el final, las alucinaciones auditivas que le persiguen le hacen llegar a la convicción de que Mendelssohn y Schubert le dictan desde sus tumbas melodías sublimes y que, por ello, todos le envidian y persiguen. En su locura, interpretará como inspirados por Mendelssohn desde la tumba los sonidos alucinatorios que convierte en música. Tras un nuevo intento de suicidio, Robert Shumann es trasladado a un manicomio donde fallece dos años después.

Vicent van Gogh (1853-1890) genio innovador de la pintura realizó gran parte de su obra entre crisis de enajenación mental. Aunque algunos de los diagnósticos hechos después de su muerte fueran contradictorios: esquizofrenia, psicosis maniaco-depresiva, tendencia a autolesionarse, agresividad, trastornos relacionados con la epilepsia y alcoholismo, no cabe duda de que Vicent Van Gogh es el mayor ejemplo del binomio genio y locura y su obra, la mejor muestra que puede nacer del desequilibrio. En la Nochebuena de 1888, el pintor entregó a la portera de un burdel de Arlés un pequeño obsequio para una de las prostitutas. Dentro del envoltorio hallaron, ensangrentada, la oreja izquierda del pintor. Este fue el momento de explosión de la enfermedad pero ya anteriormente habían aparecido síntomas premonitorios, según cuenta el pintor Paul Gauguin, que convivía con él por aquel entonces. El propio van Gogh, al describir un retrato que le hizo Gauguin mientras pintaba girasoles lo reconoce: "Soy yo, desde luego, pero volviéndome loco".

Internado varias veces en el manicomio (en el de Saint Remy pintó su Autorretrato con la oreja cortada), protagoniza varias agresiones hacia sí mismo y hacia otras personas, incluido el propio Gauguin. Por desgracia, a pesar del internamiento, su locura no desaparece, ni siquiera, de su misma conciencia: "...Dejadme continuar tranquilamente mi trabajo; si es el de un loco, tanto peor". "Pinto como un verdadero poseso, experimento mas que nunca un sordo furor de trabajo y creo que ello contribuirá a curarme" . En los días en que escribe estas frases está haciendo obras maestras. En Arlés, pinta mas de doscientos cuadros. Le quedan pocos meses de vida pero será capaz de hacer doscientos más. Aún así, tras varios agravamientos súbitos de distinta situación, el 27 de julio de 1890, van Gogh es encontrado en un camino malherido al haberse disparado un tiro al corazón, según sus palabras "porque era lo mejor para todos". Dos días mas tarde falleció.

Si bien los primeros estudios psiquiátricos, ante la originalidad de su obra, la interpretaron como mero reflejo de una extravagancia patológica, hoy en día algunos expertos afirman que la enfermedad de van Gogh no incidió drásticamente en su pintura. Sin embargo, quien haya contemplado sus obras no podrá dejar de definir a su autor como visionario.

A pesar del interés que en el último siglo ha despertado las obras encuadradas en lo que se ha llamado "Art Brut", pocos datos se tienen acerca de las personas que realizaron dichas obras. La despersonalización de las instituciones psiquiátricas, por una parte, y la necesaria confidencialidad médico-paciente, por otra, nos hurtan datos biográficos de estas personas que encontraron en la expresión plástica un medio para dejar fluir su mundo interior. A pesar de ello, una pequeña referencia a algunos casos resulta inevitable como testimonio de la trascendencia que la producción artística puede llegar a tener para algunos enfermos mentales.

Jim B., paciente confinado en una celda de aislamiento de una institución psiquiátrica debido a una conducta reiteradamente violenta y destructiva, fue incorporado a una terapia artística. Pasó varias semanas sin tocar los materiales artísticos, observando con suspicacia mientras su terapeuta charlaba sobre arte y trataba inutilmente de animarle a que participase. Un día, mientras su terapeuta trabajaba en una pieza artística, Jim le pidió que le prestase un poco de arcilla. Para la próxima cita, Jim había realizado unas cuantas obras pequeñas. Una de ellas, titulada "Solitario" era una pieza sorprendente que evocaba todo el aislamiento y la desesperación del confinamiento en soledad. Jim B. escribió mas tarde el libro "A sense of freedom", en el que describió su primera experiencia con materiales artísticos:" Empecé a volcar todas mis energías en este nuevo medio de expresión y cuando acabé una escultura me sentí sacudido por la profundidad de mis sentimientos... Trabajaba a un ritmo muy prolífico y la mayoría de mis obras se basaba en las expresiones de mi alma, con el dolor / ira / desesperación y temor que encerraba. Esto era muy importante para mí como persona, ya que me permitía conservar todos estos sentimientos emocionales, tan profundos pero canalizándolos de otra manera: esculpiendo".

Según Otto S., que también padecía de frecuentes crisis alucinatorias, realizaba dibujos, que él denominaba "dibujos aéreos", le habían sido transmitidos durante siglos por "las corrientes de aire". Ocasionalmente, los dibujos incluían retratos reconocibles de sus antepasados. Según creía el artista, sus dibujos se desvanecían tan pronto como tocaban el papel y esto explica su característica: el dibujo a lápiz titulado "Aparición de Aire" es un buen ejemplo de su producción artística. Se trata de una página compuesta por unas líneas sugestivas que realzan con particular énfasis la boca, la nariz, las orejas y los ojos y presenta la cabeza desprovista de cráneo, carne y piel. Es la descripción de un hombre reducido a un soplo de aire, un mero aliento, su alma, una lamentable descarga. Hoy en día, los cuadros de Otto S. forman parte de la colección Prinzhorn.

John W., joven inglés ingresado en una residencia para adolescentes con problemas psiquiátricos, pintaba regularmente. Sus cuadros, paisajes en una inmensa mayoría, mostraban la forma inconsciente y muy espontánea en que, poco a poco, iba revelando gran parte de su energía creativa potencial, en palabras de su terapeuta: "Introvertido y malhumorado, pero inteligente y destinado a una posterior carrera literaria, participaba en las terapias con un espíritu lúdico. Como a su yo poco le importaba obtener fama como pintor, no se preocupó demasiado por la técnica y se puso de inmediato a pintar en color, con una facilidad y una naturalidad envidiables. Puesto que se limitaba a jugar, aunque con una seriedad mortal, podía pintar sin intención precisa y, al entregarse a ello, el juego se convertía en una especie de acción mágica que conjuraba la vida"

Como puede desprenderse de estos ejemplos, para poner mutuamente en relación la vida consciente e inconsciente, se necesita de un puente y, en el caso de estas personas, fue el arte el que llevó a cabo esta función vital.

FUENTE: TOCADOS POR EL GENIO