Nada fuera de lo común; era un día de primavera de 1854. Robert Schumann abrió los ojos y se dio cuenta que ese día no le importaba en lo más mínimo. Estaba cansado, triste. No podría escribir ni una sola nota, estaba sumamente irritable, se sentía inútil, extremadamente inútil. Tres meses antes finalizaba una serie de 9 obras con las que culminaba una de las épocas más fecundas de su vida.

Este mismo hombre, tal vez al día siguiente, intentaría quitarse la vida una vez más, fracasando, por suerte para los oídos del mundo.

No fueron muy distintos a estos episodios, los que torturaron los días del excelente contrabajista de jazz Charles Mingus, cuando sus pensamientos lo arrastraban hasta la más sobrecogedora desesperanza e incapacidad absoluta de disfrutar, para, días después, sentir que su música lo elevaba hasta lo más sublime de la creación musical. Luego, otra vez, las visiones suicidas eran lo más reconfortante en su existencia miserable.

Un tanto así, con similar intensidad y oscilaciones, podríamos contar de Edgar Allan Poe, Tennessee Williams, Ezra Pound, William Blake, Lord Byron y Vincent van Gogh, así como una enorme cantidad de otros miembros de la comunidad artística o uno de cada 100 personas adultas que se pasean por las calles de cualquier lugar del mundo.

Cambios de humor o de estado de ánimo de este tenor, en los que se pasa de la más profunda tristeza depresiva hasta la euforia absoluta característica de la fase maníaca, es lo que técnicamente se conoce como "Trastornos afectivos bipolares", más comúnmente llamada enfermedad maníaco-depresiva.

No es mi intención en este parágrafo el presentar una diagnosis o una aburrida teoría sobre las posibles causas, tratamientos y/o definiciones de este trastorno bipolar. Bástenos, por ahora, para tener una ligera idea acerca de que, síntomas tales como sentimiento de infelicidad permanente, pérdida de interés por todas las cosas, incapacidad para disfrutar, imposibilidad para tomar decisiones, cansancio intenso, irritabilidad extrema, sentimientos de desesperanza o inutilidad y, notablemente, una irresistible debilidad por el suicidio, entre otros trastornos físico y psíquicos, caracterizan la fase depresiva de esta enfermedad. En otro momento la vida sonríe; se está feliz y excitado, lleno de energía e ideas nuevas y movilizadoras. El sentimiento de tener una importancia mayor a lo habitual y una profunda irritación hacia los que no comparten este optimismo, nos sitúan en medio de un episodio de manía.

Bueno, si hasta el momento no he perdido a mis lectores, podemos ya sumergirnos en el tema de estas líneas: ¿Existe en verdad alguna relación entre la creatividad y ciertos trastornos de la conciencia?

No hay hasta el momento una comprobación con rigor científico que responda esta pregunta, pero ciertos trabajos recientes pueden tal vez poner algunos puntos en consideración.

A juzgar por criterios actuales de diagnóstico, una gran parte de los artistas sufren o sufrieron de alguno de los dos mayores desórdenes de la conducta: o un cuadro maníaco-depresivo o un pico de depresión grave. Esto no implica -al menos hasta el momento- que quienes sufren de estos trastornos sean grandes creativos o desarrollen capacidades artísticas.

En la cuarta edición del manual de estadística y diagnóstico de maníaco-depresivos y depresión grave, aparece un alto número de artistas establecidos, mucho más de lo esperado por el simple azar. Habría que ver entonces si estas enfermedades pueden potenciar o de alguna forma contribuir a la creatividad de ciertos individuos. Es verdad que durante los episodios de manías o hipomanías, los pacientes duermen menos, y tienen abundante energía. Se incrementa su productividad. Sus pensamientos se mueven rápidos y fluidos de un punto a otro, y su parlamento se vuelve más rápido y excitable. A este respecto,estudios del parlamento de pacientes hipomaníacos, han revelado una tendencia de los mismos al uso de rimas y otros sonidos asociados, como por ejemplo la aliteración, mucho más frecuentemente que los individuos no afectados. Más aún, en ciertas condiciones pueden listar sinónimos o formar otras asociaciones de palabras mucho más rápido que lo considerado normal.

Pareciera que tanto la cantidad como la calidad de pensamientos se incrementan durante la hipomanía, y este incremento de la velocidad del parlamento puede variar desde simplemente rápido hasta la completa incoherencia psicótica.

Gente maníaco-depresiva y aquella simplemente creativa comparten una característica no cognitiva: la habilidad de funcionar bien con muy pocas horas de sueño, la concentración requerida para un trabajo intensivo y la habilidad de experimentar muy profundas y variadas emociones.

Finalmente, los extremos cambios de humor exacerban la tendencia normal a tener personalidades conflictivas.

¿Qué significa concretamente este comportamiento relacionado con la obra creativa? ¿Cómo contribuyen -si es que lo hacen- estos desórdenes psíquicos a la capacidad creativa?

Estudios

Por muchos años, los científicos han documentado algún tipo de conexión entre manía, depresión y salidas creativas. En la década del setenta, Nancy C. Anderson de la Universidad de Iowa, terminó el primer estudio riguroso de este tipo. Ella examinó a 30 escritores y encontró una extraordinaria ocurrencia entre desórdenes del comportamiento y alcoholismo entre ellos. El ochenta por ciento había experimentado al menos un episodio de depresión grave y el cuarenta y tres por ciento relató una historia de hipomanía o manía.

Por otro lado, Hagop S Akiskal de la Universidad de California en San Diego, y su esposa Kareen Akiskal entrevistaron a 20 laureados escritores, poetas, pintores y escultores europeos; casi dos tercios de ellos exhibieron alguna vez ciclotimia recurrente y tendencias hipomaníacas, y más de la mitad había sufrido alguna vez de depresión grave. En colaboración con David H. Evans de la universidad de Memphis, los Akiskal también notaron estas tendencias en músicos de blues contemporáneos.

Más recientemente, Stuart A. Montgomery y su esposa, del hospital St. Mary´s en Londres, examinaron a 50 poetas modernos británicos encontrando que un cuarto de ellos concordaban con los criterios de diagnóstico para depresión grave y maníaco-depresivos. Los suicidios eran seis veces más frecuentes en esta comunidad que en la población general.

En la universidad de Harvard, Ruth L. Richards y sus colegas pusieron a punto un sistema para asignar el grado de pensamiento original requerido para llevar a cabo ciertos objetivos creativos. En lugar de registrar desórdenes del carácter dentro de una población altamente creativa, intentaron cuantificar y/o medir el grado de creatividad en una muestra de maníaco-depresivos.

Basándose en su escala, encontraron que, en comparación con un individuo sin historia personal o familiar de desórdenes psiquiátricos, maníaco-depresivos o ciclotimia, los sujetos afectados con estos trastornos mostraban una mayor capacidad creativa.

Estudios biográficos de artistas y escritores de generaciones pasadas, muestran, consistentemente con lo anterior, altas tasas de suicidios, depresión grave y procesos maníaco-depresivos: más de 18 veces la tasa de suicidio que en la población común, de ocho a diez veces la tasa de depresión grave, y entre diez y veinte veces más alta frecuencia de enfermos maníaco-depresivos y sus variantes.

En 1992, Arnold M. Ludwig, de la universidad de Kentucky publicó una extensiva revisión biográfica de 1005 artistas famosos del siglo XX. Descubrió que estos artistas y escritores, experimentaron de dos a tres veces mayor tasa de psicosis, intentos de suicidio, desórdenes de la conducta y abuso de estimulantes que gente de negocios comparativamente exitosa, científicos y personas de vidas comunes.

Finalmente, todos estos estudios comparativos, confirmarían que individuos altamente creativos experimentan graves desórdenes de conducta mucho más frecuentemente que el común de la gente.

Ahora, ¿Qué significa esto para su trabajo? ¿Cómo contribuyen estos problemas psiquiátricos a la actividad creativa?

Pareciera ser que las características más comunes de estos desórdenes conducen a un alto grado de pensamiento original. Los criterios de diagnóstico para esta fase del desarreglo incluyen "Agudos e inusualmente creativos pensamientos y un incremento de la productividad". Evidencia acumulada sugiere, además, que los estilos cognitivos asociados con la hipomanía pueden incrementar la frecuencia y la fluidez de los pensamientos.

Bien, dado que el 1% de la población sufre de manía-depresiva y el 5% de depresión grave, y no tememos las mismas cifras de artistas, pareciera claro que por si solas, estas enfermedades no producen genios, pero si podemos al menos pensar, que ciertos trastornos psíquicos posibilitarían la producción de un pensamiento creativo y/o de mayor capacidad de expresión de tales ideas.

Lo ultimo que me gustaría proponer, es que el temperamento maníaco-depresivo es, en un sentido biológico, un sistema sensitivo de alerta que reacciona rápida y flexiblemente, respondiendo al mundo con un amplio rango de cambios emocionales, de percepción, intelectuales, comportamentales y energéticos, permitiendo, tal vez, mayor adaptación a la realidad constantemente cambiante, si bien no su aceptación.

Por lo tanto, lamentablemente hasta el momento, nuestra injusta tristeza y desesperanza, apuntalada por algunos mezquinos días de plenitud y exitismo, no nos aseguran que estemos predestinados a la gloria artística, y nos tendremos que resignar también a que, soberbios creadores del arte en general, sean... permanentemente felices y orgullosos de si mismos triunfen, sin ser unos parias o melancólicos y sufridos artistas como nos gustaría a veces creer.

FUENTE: Esteban Cynowiec. Periodista científico. TOCADOS POR EL GENIO...