(Carta de Rimbaud a Verlaine, tras una de sus habituales rupturas)
A Paul Verlaine
Londres, julio de 1873
Regresa, regresa, mi querido amigo, mi único amigo, regresa. Te juro que seré bueno. Si me he mostrado desagradable contigo, fue tan sólo una broma; me cegué, y me arrepiento de ello más de lo que puedes imaginar. Vuelve, porque cuando regreses todo estará totalmente olvidado. ¡Qué desgracia que hayas tomado en serio esta broma!
No paro de llorar desde hace dos días. Vuelve. Sé valiente, querido amigo. Nada esta perdido todavía. Sólo tienes que emprender el viaje de vuelta. Viviremos aquí nuevamente, valientemente, pacientemente.
Te lo suplico. Además, es por tu bien. Vuelve, encontrarás aquí todas tus cosas. Espero que no tengas duda alguna, ahora, de que no discutía en serio. Que suceso y situacion más desagradable.
Porqué, cuando te hacía señas para que bajaras del barco, ¿por qué no lo hiciste?
¿Hemos vivido juntos durante dos años para llegar a esto? ¿Qué vas a hacer? Si no quieres volver aquí ¿quieres que vaya yo a tu encuentro, dónde tú estés?
Se que yo tengo la culpa. No me olvidarás ¿verdad?
No, tú no puedes olvidarme.
Yo te tengo aquí siempre.
Di, contesta a tu amigo ¿acaso no volveremos a vivir juntos los dos?
Contéstame pronto.
No puedo quedarme aquí por más tiempo.
Escucha unicamente lo que te dicte tu corazón.
Dime pronto si tengo que reunirme contigo.
A ti, para toda la vida.
Rimbaud
P.D.
Si no puedo volver a verte, me alistaré en el ejercito o en la marina.
Regresa; no paro de llorar a cada momento. Dime que vaya a tu encuentro, iré, dímelo, ponme un telegrama - tengo que irme el lunes por la tarde ¿dónde irás? ¿qué quieres hacer?
Johanna Schopenhauer a Arthur
Weimar, 17 de mayo de 1814

La puerta que con tanto estrépito cerraste ayer tras comportarte tan indignamente con tu madre se ha sellado para siempre entre tú y yo. Estoy cansada de soportar tus malas maneras, me voy al campo y no regresaré hasta saber que te has marchado; se lo debo a mi salud, pues una segunda escena como la de ayer podría provocarme un ataque de apoplejía que quizá resultaría mortal. Tú no sabes nada del corazón de una madre: cuanto más amó, más dolorosamente siente cada golpe que le infiere la mano antes amada. No es Müller, esto te lo juro ante Dios en quien creo, quien te separa de mí, sino tú mismo, tu desconfianza, la censura que ejerces sobre mi vida y sobre la elección de mis amigos, tu desdeñoso comportamiento para conmigo, el desprecio que muestras hacia mi sexo, tu negativa manifiesta a contribuir a mi felicidad, tu codicia, tu mal humor al que das libre curso en mi presencia sin la menor consideración hacía mí (...).
y eso es lo que nos separa, si bien no para siempre, sí hasta que retornes a mí en calma y buena disposición. En ese caso estaría dispuesta a acogerte con benevolencia.
¿Qué diría tu padre si viviera, él que pocas horas antes de morir te encomendó que me honrases y que no me dieses nunca disgustos? Si yo hubiese muerto y tuvieras que vértelas con tu padre, ¿te atreverías a sermonearle? ¿Tratarías de determinar su vida y sus amistades? ¿Acaso soy yo menos que él? (...)
Deja aquí tu dirección pero no me escribas, a partir de ahora ni leeré ni contestaré a ninguna de tus cartas; llegados a este punto se separan nuestros caminos, escribo esto con profundo dolor pero no queda otro remedio si es que quiero vivir y proteger mi salud. (...)
De Arthur Rimbaud a Georges Izambard
Charleville, [13] mayo 1871
Estimado señor:

Ya está usted otra vez de profesor. Nos debemos a la sociedad, me tiene usted dicho: forma usted parte del cuerpo docente: anda por el buen carril. — También yo me aplico este principio: hago, con todo cinismo, que me mantengan; estoy desenterrando antiguos imbéciles del colegio: les suelto todo lo bobo, sucio, malo, de palabra o de obra, que soy capaz de inventarme: me pagan en cervezas y en vinos. Stat mater dolorosa, dum pendet filius, — Me debo a la Sociedad, eso es cierto; — y soy yo quien tiene razón. Usted también la tiene, hoy por hoy. En el fondo, usted no ve más que poesía subjetiva en este principio suyo: su obstinación en reincorporarse al establo universitario —¡perdón!— así lo demuestra. Pero no por ella dejará de terminar como uno de esos satisfechos que no han hecho nada, porque nada quisieron hacer. Eso sin tener en cuenta que su poesía subjetiva siempre será horriblemente sosa. Un día, así lo espero, — y otros muchos esperan lo mismo —, veré en ese principio suyo la poesía objetiva: ¡la veré más sinceramente de lo que usted sería capaz! Seré un trabajador: tal es la idea que me frena, cuando las cóleras locas me empujan hacia la batalla de París —¡donde, no obstante, tantos trabajadores siguen muriendo mientras yo le escribo a usted! Trabajar ahora, eso nunca jamás; estoy en huelga. Por el momento, lo que hago es encanallarme todo lo posible. ¿Por qué? Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas si yo sabré expresárselo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los padecimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, que haber nacido poeta, y yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguno culpa mía. Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. — Perdón por el juego de palabras.
YO es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín, ¡y mofa contra los inconscientes, que pontifican sobre lo que ignoran por completo!
Usted para mí no es Docente. Le regalo esto: ¿puede calificarse de sátira, como usted diría? ¿Puede calificarse de poesía?
Es fantasía, siempre. — Pero, se lo suplico, no subraye ni con lápiz, ni demasiado con el pensamiento.
El corazón atormentado
Mi triste corazón babea en la popa,
Mi corazón está lleno de tabaco de hebra:
Ellos le arrojan chorros de sopa,
Mi triste corazón babea en la popa:
Ante las chirigotas de la tropa
Que suelta una risotada general,
Mi triste corazón babea en la popa,
¡Mi corazón está lleno de tabaco de hierba!
¡Itifálicos y sorcheros
Sus insultos lo han pervertido!
En el gobernalle pintan frescos
Itifálicos y sorcheros.
Oh olas abracadabrantescas,
Tomad mi cuerpo para que se salve:
¡Itifálicos y sorcheros
sus insultos lo han pervertido!
Cuando, al final, se les seque el tabaco,
¿Cómo actuar, oh corazón robado?
Habrá cantilenas báquicas
Cuando, al final, se les seque el tabaco:
Me darán bascas estomacales
Si el triste corazón me lo reprimen:
Cuando, al final, se les seque el tabaco
¿Cómo actuar, oh corazón robado?
No es que esto no quiera decir nada. Contésteme, a casa del señor Deverrière, para A.R.
AR. RIMBAUD
Carta de Dylan Thomas a su esposa Caitlin
Algunas de las cartas más nuevas de Thomas son a Caitlin, su esposa y para entonces la madre de sus niños, en 1950, mientras que estaba en viaje por los Estados Unidos promocionando un libro. Las noticias - y la poesía- se deben filtran entre los embates de la angustia nostálgica:
Oh por qué, por qué, no lo arreglamos de alguna manera que salgamos juntos de este devastador, insano, demoniacamente ruidoso, rugidor continente. Habríamos podido arreglarlo de alguna manera. Por qué, oh, por qué, pensé que podría vivir, que podría llegar a vivir, como pude pensar en vivir todos éstos torturantes, interminables meses, que se repiten como eco sin tí.... He conducido por lo que me pareció, y probablemente fue, miles de kilómetros, iluminados adelante . Los caminos inmensamente abigarrados de la región más baja de estos malditos, de ciudad en ciudad, colegio en colegio, universidad en universidad, hotel en hotel, y todo lo que deseo, antes de Cristo, antes de usted, es abrazarla en Laugharne, Carmarthenshire.
Carta de Lewis Caroll a Gertrude Chataway
Christ Church, Oxford, 28 de octubre de 1876
Mi muy querida Gertrude:

Usted estará apesadumbrada, sorprendida, y desconcertada, al oír la extraña enfermedad que tengo desde que usted se fuera. Mandé buscar al doctor, y dije, "Deme alguna medicina porque me siento cansado". Él dijo, "¡Estupideces sin sentido! Usted no necesita la medicina: ¡vaya a la cama!"
Dije, "No; no es la clase de cansancio que pide la cama. Mi rostro trasunta cansancio." Él se veía con expresión grave, y dijo, "Oh, es su nariz la que está cansada: una persona habla a menudo demasiado cuando piensa que tiene todo claro." Dije, "No, no es la nariz. Quizás sea el pelo." Entonces él se vio algo serio, y dijo, "Ahora sí entiendo: usted estuvo peinando el pianoforte."
"No –dije-, de hecho no lo he hecho, y no es exactamente el pelo: más bien sobre la nariz y el mentón." Entonces él serio durante largo rato, y dijo, "¿Ha estado usted caminando mucho con la barbilla?. Dije, "No." "Bien!" dijo él, "esto me desconcierta mucho.
“¿Usted cree que el problema estará en los labios?" preguntó.
“Por supuesto” dije. "¿Qué es exactamente?"
Entonces el se vio muy serio, por cierto, y dijo, “Yo creo que ha estado dando demasiados besos...”
"Bueno" dije, "Le di un beso a un niña, una pequeña amiga mía."
"Piense otra vez, " dijo él, "¿está seguro de que haya sido solo uno?"
Pensé otra vez, y dije, “puede que hayan sido once veces”.
Entonces el doctor dijo: “Usted no debe darle ni uno más hasta que sus labios se hayan recuperado”.
“Pero ¿cómo hago?” le dije “ ¡le debo ciento ochenta y dos besos más!
Entonces se vio tan serio que las lágrimas corrían por sus mejillas, y me dijo “Mándeselos en una caja”.
Entonces recordé una pequeña caja que compré una vez en Dover, pensando que podría regalarla alguna vez a alguna niña ú otra persona. Así que los empaqué bien cuidadosamente. Dígame si le llegan bien o si alguno se pierde en el camino.
Lewis Carroll (Rvdo. Charles Dodgson). Carta a Gertrude Chataway, a quien conoció en 1875, una de sus más cercanas “amigas niñas”.
Las fotos corresponden al reverendo Dodgson y a Alice Lidell, para quien escribiera “Alicia en el país de las maravillas”.
Carta de Virginia Woolf a Leonard Woolf
28 de Marzo de 1941
Querido,

Me siento segura de estar nuevamente enloqueciendo. Creo que no podemos atravesar otro de estos terribles períodos. No voy a reponerme esta vez. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar. Por lo tanto, estoy haciendo lo que me parece mejor hacer. Tu me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todas las formas todo lo que alguien puede ser. No creo que dos personas hayan sido más felices hasta que apareció esta terrible enfermedad. No puedo luchar por más tiempo. Sé que estoy estropeando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y lo harás, lo sé. Te das cuenta, ni siquiera puedo escribir esto correctamente. No puedo leer. Cuanto te quiero decir es que te debo toda la felicidad en mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bondadoso. Quiero decirte que- todo el mundo lo sabe. Si alguien podía salvarme, hubieras sido tu. Nada queda en mí salvo la certidumbre de tu bondad. No puedo seguir destruyendo tu vida por más tiempo.
No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que nosotros hemos sido.
VISITA TODOS NUESTROS ARTICULOS POR TITULO Y FECHA
FUENTE IMAGENES: DE LA BELLA VICTORIA FRANCES
juan andres gutierrez



Monica Florez
19 nov 2006 | 11:28 PM
!Qué bien hiciste en marcharte, Arthur Rimbuad! Tus dieciocho años refractarios a la amistad, a la malevolencia, a la estupidez de los poetas de París y al zumbido de abeja estéril de tu familia ardenesa un poco loca, qué bien hiciste en esprcirlos a los vientos de alta mar, en arrojarlos bajo la cuchilla de su feroz guillotina. Cuánta razón tuviste dejando atrás el bulevar de los perezosos, los cafetruchos de los mealiras a cambio del infierno de los animales, de la camadería de los astutos y del saludo de los sencillos.
!En ese ímpetu absurdo del cuerpo y del alma, sí, en esa bala de canón que alcanza su objetivo haciéndolo estallar, sin duda reside la vida de un hombre! Una vez cruzada la frontera de la infancia, nadie puede estrangular indefinidamente a su prójimo. Si bien los volcanes apenas cambian de lugar, su lava recorre el gran vacío del mundo y le aporta virtudes que cantan en sus llagas.
Qué bien hiciste en marcharte, Arthur Rimbaud! Todavía somos unos cuantos los que, sin tener pruebas, creemos que la dicha es posible contigo. René Char.
Texto dedicado por René Char, sacado de "Furor y Misterio" 1938-1947.
jennifer torres
22 nov 2006 | 10:12 PM
es sinplemente hermosa no tengo nada mas que poder escrivir por que son tan especiales que me quede sinb palabras
ASTRID GANTIVAR
15 dic 2006 | 03:41 AM
ESTO ES SOLAMENTE EL INICIO A MUCHOS PROYECTOS QUE PUEDES EMPEZAR COMO PERSONA Y DE VERDAD QUE TIENES MUCHO TALENTO Y SE NOTA QUE LE HAS DEDICADO BASTANTE TIEMPO TE FELICITO Y TE DESEO LO MEJOR!!!...
Lourdes
11 jul 2009 | 09:03 PM
Il ne naquit par aucun bout......siempre el viento le trazo el camino....
toda una elite que escribe solo para entenderse a si
mismos, a ninguno le importaba en realidad el otro...
asi eran los poetas malditos!!!!!!